Gálatas 3: El propósito de la ley

El primer argumento de Pablo con respecto a la polémica con los judaizantes, para mí es contundente.  Pablo hace la siguiente pregunta retórica: “¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?”  Nadie puede alegar que fue lleno del Espíritu Santo por la ley.  Ninguna obra de regeneración comienza como resultado de la práctica de los mandamientos.  El cambio que es necesario es uno interior y ese cambio sólo viene como resultado de nuestra fe en Cristo.  El ser humano necesita redención, pero esa redención es una de índole espiritual.  Somos esclavos del pecado, y la ley sólo nos ratifica esa condición, no nos libera de ella.  Pero ahí viene Jesucristo, con su sangre derramada en la cruz del Calvario, y esta sirve de pago, nos redime a precio de sangre, y nos libera de la esclavitud y el control que tenía el pecado sobre nosotros.  La ley estuvo con los judíos por mas de 1500 años antes del nacimiento de Jesús y nunca los redimió.  Sólo la fe en Jesucristo nos liberta, y con el Espíritu de Dios en nosotros es que podemos vivir vidas que agraden a Dios.

Ya en otras epístolas, Pablo había presentado el argumento de Abraham.  Este vivió antes de que la ley fuera dada y fue justificado por fe, “Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia”, por lo tanto todos los que venimos a Jesucristo por medio de la fe somos hijos de Abraham.  Por otra parte, aquellos que querían depender de la ley, tienen el problema de que ninguno se va a poder justificar con Dios mediante la ley, porque las escrituras señalan: “El justo por la fe vivirá”.  Si es por fe, y esta fe nos liberta, ¿por qué insistimos en tratar de justificarnos por la ley?  Tal vez es porque la ley se puede palpar, depende de nuestro esfuerzo, aunque estemos destinados al fracaso, y está alineada con nuestra visión de mundo.  Desde pequeño se nos enseña que es a base de esfuerzo como se logran las cosas, y de momento en nuestro peregrinaje espiritual se nos dice que es por gracia, regalo de Dios, que todo está hecho, solo tenemos que creer en lo que Jesucristo hizo y esto nos da problemas mentales significativos.  Es tan fácil que no puede ser.  Pero todo se debe a la gracia de Dios.

¿Para qué entonces sirve la ley?  Pablo contesta que la ley es la que nos muestra lo que estamos haciendo mal en contra de la voluntad de Dios.  Uno de los problemas que tiene la ley de Moisés es que no resultó en una sola familia, sino que separó a la gente en dos grupos, los de la ley (judíos) y los que estaban fuera de ella (los gentiles).  Pero todas estas reglas eran complementarias a las promesas de Dios.  Esto se debe a que ellas nos muestran que necesitamos un Salvador, todos estamos bajo el poder del pecado, para que los que creen puedan recibir por la fe en Jesucristo la nueva vida que Dios prometió.  Pablo nos dice que la ley fue como un maestro que nos guió y llevó  hasta Cristo, y al nosotros venir a él ya no necesitamos la ley para que nos guíe y enseñe.  La ley era buena, cumplió su propósito y ahora que somos hijos de Dios dependemos, no de ella, sino del Espíritu Santo que vino a morar con nosotros el día que nos entregamos a Dios, para vivir vidas que agraden a Dios.  ¡Gracias Dios, por tu Espíritu y por tu gracia demostrada en Cristo!

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