Efesios 2: Gracia y reconciliación

Hay ciertas cosas en la vida que son binarias, ó uno está en un estado ó está en el otro.  Es así en nuestro vida terrenal, como en la espiritual, ó uno está vivo o está muerto.  Pablo comienza diciendo: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”.  Nuevamente, es claro de que Dios tomó la iniciativa.  Estábamos perdidos sin él y sin embargo, decide actuar  y me da vida.  Me levanta de mi tumba espiritual, me da el soplo de vida y de momento tengo la posibilidad de vivir la vida que Dios me había diseñado para vivir.

La ironía más grande es que pensamos que cuando hacemos lo que queremos significa que controlamos nuestra vida.  Eso no es cierto.  La persona muerta espiritualmente esta siendo controlada por el mundo, el príncipe de la potestad del aire, y la carne.  De eso es que la vida que Cristo me dio me libra.   Antes de su conversión, aún una persona religiosa como Pablo, vivía en los deseos de la carne.  Aunque deseemos hacer el bien, muy pronto nos damos cuentas que hacemos lo que no queremos, y debido a nuestra conducta y acciones antes de convertirnos, desarrollamos una naturaleza en que somos “hijos de la ira”.

En una ocasión, oí una historia de dos vacas se encuentran al lado de la carretera cuando ven pasar un camión de leche con un letrero bien grande que dice; “Pasterizada, Homogenizada y Vitamina A añadida”.  Una vaca le dice a la otra “Hace sentir a una inadecuada, ¿no te parece?”  Si todo este pecado me hace sentir inadecuado, hay una solución para mí.  Dios me da vida.  Pablo menciona, “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,”

Ya lo he dicho anteriormente, pero el tiempo de los verbos es clave aquí.  Me dice que me dio vida, algo que ya sucedió, me resucitó, algo en pasado que no ha sucedido, y que me hizo sentar, pasado que sucedió pero todavía no es el caso.  Esta forma de hablar demuestra que todo está asegurado.  En el tiempo de Dios, que no hay ni principio ni fin, se ha diseñado que el que viene a Jesús va a estar en lugares celestiales y por lo tanto, así va a pasar.

Aquí ahora se ve el elemento de la gracia de Dios.  “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”  No hay esfuerzo humano que yo pueda hacer para ganarme la salvación.  Ésta es un regalo de Dios y tengo que comprender que no hay obras que pueda hacer para salvarme, pero porque soy salvo es que hago las obras.  Esto es una idea difícil de entender porque vivimos en una sociedad que está basada en ingresos y recompensas.  En la gracia eso no tiene nada que ver.  En todas las otras religiones de este mundo, la salvación es algo que se tiene que trabajar.  Eso no es así para mí.  La única forma de salvarme es por la gracia, una gracia que me fue ofrecida en la cruz.

Cuando me acuerdo el día que me salvó, le doy gracias por haberme rescatado.  ¡Qué tremendo Salvador es él!  La cruz es el medio utilizado por Dios para reconciliarme con él.  Antes mi estado era sin Cristo, sin ciudadanía celestial y lejos de la promesa y sin esperanza.  Su sangre me acercó a Dios, me da paz y acceso directo al Padre a través de su Espíritu.  Soy ciudadano del cielo y miembro de la familia de Dios.   Todo esto porque Dios quiso hacerlo así.

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