Filipenses 3: Prosigo al blanco

Si fuéramos a escoger par de palabras claves para ésta carta de Pablo, esas tendrían que ser gozo y regocijaos.  Para nosotros hoy en día significan principalmente una sensación de placer físico, pero el gozo que se refiere aquí es algo que todavía esta cuando el pulso ha regresado a la normalidad.  Este es un gozo que se queda aún cuando nos persiguen por lo que creemos o nos enfrentamos a la muerte.  Pablo modela esto guando escribe la carta estando preso en Roma.  El desconoce cuál va a ser su destino, pero definitivamente que él experimenta el gozo del Señor y quiere compartirlo.  Así que comienza con, “Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor.”  ¿Me estoy gozando en el Señor?  Repito, no hablo de la alegría pasajera sino el gozo que se queda con uno 24/7.  Es el gozo de saber que soy aceptado delante en la presencia de Dios, que Jesucristo es mi Salvador y Señor y que tengo acceso a todos los beneficios que esto brinda.  Siempre que pienso en esto lo experimento, así que tal vez la clave está en dejar que mi mente se sature por Dios, para que siempre pueda experimentar el gozo que solo él puede dar.

La raza y la posición social de Pablo era impresionante.  El fue circuncidado al octavo día conforme a la ley, israelita de la tribu de Benjamín, y hebreo de hebreos.  En otras palabras, por herencia no solo sus padres habían seguido la ley al circuncidarlo al octavo día, sino que su linaje era puro, y no era helenista, sino hebreo capaz de leer la escritura en hebreo y entenderlo y hablarlo, si fuera necesario.  Moviéndose a sus logros en términos de la ley judía, Pablo podía hablar de lo que él había escogido con respecto a la ley, patriotismo y justicia.  Él había escogido en su vida ser fariseo, grupo que amaba la ley, la interpretaban estrictamente y trataban de vivir consistentemente conforme a ella.  También había perseguido a la iglesia, lo cual lo ponía en el grupo de los que mostraron su compromiso con Dios y la nación al oponerse a una religión diferente a la judía y tratar de erradicarla.  Su vida pública había sido irreprochable conforme a la ley.  Hay gente que puede presentar listas similares, pero no representan nada comparado con el amor de Cristo hacia nosotros.

El conocimiento que debo de buscar es el de Cristo Jesús, perderlo todo para ganar a Cristo “y ser hallado en él . . . a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.”  Yo quiero ser hallado en él, quiero conocerlo íntimamente, y estar dispuesto a padecer y morir por él, si fuera necesario.  No quiero morir, quiero vivir muchos años más pero quiero proseguir en buscarlo que independientemente del lugar y circunstancias yo le sea fiel.  Definitivamente que no lo he alcanzado, pero al igual que Pablo, deseo olvidar mi pasado, concentrarme en lo que me falta por recorrer, para alcanzar la meta que es el premio que Dios me ofreció cuando me llamó por medio de Jesucristo, premio que alcanzaré el día que muera o cuando los cielos sean abiertos para Cristo venir y buscar su iglesia.

Pablo concluye esta sección diciendo:  “sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros.”  Es de admirar que Pablo tenga toda la confianza de decir, “si tienen dudas, miren mi vida, este es su modelo de la misma manera que el mío lo es Cristo.”  ¿Podré yo decir esto?  Esa es mi aspiración.

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