Colosenses 2: La plenitud de la vida en Cristo

Una de las cosas que más me sorprende de nosotros los cristianos es el hecho de la inconsistencia de nuestro caminar con las expectativas de una vida al servicio de Dios.  Pablo pasó tiempo enseñando como vivir como cristianos, así que el espera que se vea en nuestro caminar.  Él dice: “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias.”  ¡Qué difícil es hacer esto de manera consistente!  Definitivamente que es una expectativa razonable, pero necesita que le deje el control de mi vida al Espíritu  para que el actúe y me de las fuerzas y la voluntad a servirle en todo momento de mi vida.

El legalismo en esos tiempos se envolvía en temas como que se comía, los días de fiesta y las ceremonias religiosas.  Pablo argumenta que esas reglas parecen espirituales pero en realidad uno se corre el riesgo de que alejen a uno de Dios.  Él nos habla acerca de la plenitud de vida en Cristo de la misma manera que los profetas de la nueva era hablan hoy en día de “autorealizarse”.  Pablo nos dice que Jesús contiene toda la plenitud de Dios y debido a eso es que la verdadera plenitud solo se puede hallar en Cristo,  “y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.”  No es el llenarme de mi mismo sino el llenarme de Cristo lo que va a resultar en sentirme realizado y satisfecho.

Pablo procede a describir mi vida anterior, “muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne”, para hablar de cómo al venir a Cristo se me dio vida, perdonándose todos mis pecados y anulándose el acta de decretos en mi contra.  Esto es una imagen interesante porque indica de que éramos prisioneros de nuestros pecados.  En esa época, los delitos y la sentencia se ponían a la puerta de la celda donde uno era encarcelado, y aquí se ilustra que Jesucristo tomo la lista de mis pecados en mi contra y la anuló, ya no es válida porque la clavó en la cruz.  No solo eso sino que hubo un gran desfile victorioso cuando Cristo en la cruz venció a los principados y potestades de las tinieblas.  Me imagino que entre las fuerzas de las tinieblas hubo una gran celebración mientras Cristo era crucificado sin saber que en realidad era el desfile de la victoria de Jesús, como en aquellos tiempos cuando el general regresaba victorioso a su capital y desfilaba a sus prisioneros y despojos de guerra, y que con su resurrección, sus destinos estaban sellados.  ¡Alabado y glorificado sea el nombre de Dios!

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Filed under Epístolas de Pablo

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