1 Tesalonicenses 5: Como ladrón en la noche

Creo que las mismas palabras de inicio las puedo decir yo, “Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba.”  Estamos viviendo en tiempos difíciles, a veces parece que los problemas de nuestra comunidad no tienen solución.  Parece que la maldad está ganando, no hay esperanza y no se ve ninguna luz al final del túnel.  Pero de alguna manera que no soy capaz de comprender, Dios está en control.  No solo está en control sino que el día del Señor está cercano. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche”.  Inesperadamente, en el momento que menos pensamos, en ese día vendrá el Señor.  El mundo pensará que todo esta bien, que finalmente se ha alcanzado paz y seguridad, y no realizaran que él viene y que los malos serán destruidos.

Nosotros somos hijos de luz y porque lo somos, velamos, y somos templados y moderados.  Por eso nos vestimos de la armadura de fe y amor, teniendo la esperanza de la salvación como casco.  Todo esto para que nos encuentre listos cuando él regrese.  Aquellos que hemos creído, no estamos esperando castigo, estamos esperando salvación por medio de Cristo.  O sea, ya sea que esté vivo cuando Cristo venga, ó haya muerto, el hecho es que mi salvación esta asegurada en Cristo el día del Señor.  ¿Estoy preparado para ese día?  Las buenas noticias es que sí lo estoy, porque voy a ser salvo por lo que Cristo ha hecho por mí y no por los méritos que yo me haya ganado.  Eso no significa que no debo actuar sobria y moderadamente, sino que actúo así porque quiero servirle y serle fiel, y no porque quiera ganar puntos en el cielo.  ¡Ven pronto, Señor Jesús!

El pasaje termina con otra lista  de cosas que debemos buscar y hacer.  Una de ellas es orad sin cesar.  He escuchado algunas explicaciones al respecto, pero la cosa es que tengo que estar orando a tiempo y fuera de tiempo.  También tengo que reconocer  a los compañeros del ministerio y especialmente a los que están sobre mí.  No nos gusta, pero todo el mundo debe tener un jefe.  Si no lo tenemos, corremos el riesgo de pensar que la iglesia, la obra y el ministerio son nuestros, y cuando pensamos así, nos da un ataque al corazón o comenzamos a actuar indebidamente y cometemos errores.  Necesito tener una autoridad al cual sea responsable, alguien al cual le responda.  Argumentar que solo le respondo a Dios, es tonto y un pensamiento resultado del orgullo y la rebeldía.  Tenemos que aprender a someternos los unos a los otros.

Sobre cosas espirituales me dice que este siempre gozoso,  y que le de gracias a Dios en todo.  No debo apagar el fuego del Espíritu, pero si lo he apagado, ¿cómo puedo encenderlo de nuevo?  Tal vez, regresando a la senda antigua, buscando de él.  No debo ignorar ni tomar por menos las profecías, tengo que retener lo bueno y abstenerme de hacer mal.  Esto es un maratón, ¿estoy dispuesto a correrlo? ¡Señor, siempre ayúdame a separarme del mal y a que este atento a tu voz para hacer tu voluntad en mí!

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Filed under Epístolas de Pablo

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