Tito 2 y 3: Hay que seguir la sana enseñanza

Pablo tiene para todos cómo en botica.  En ésta ocasión es con respecto a lo que es la sana doctrina.  A los ancianos les dice que “sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia.”  A las ancianas se les exhorta a “que no hablen mal de los demás y que no sean esclavas del vino. Deben enseñar el bien para que aconsejen a las más jóvenes a amar cada una a su esposo y a sus hijos.  Las jóvenes deben aprender de ellas a tener buen juicio y un corazón puro, a cuidar la casa, a ser amables y a estar dispuestas a servir a su esposo. (PDT)”  A los jóvenes “que sean prudentes;  . . . en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable”.  Todas estas cosas son buenas y convenientes, de bendición no sólo para la iglesia sino para el pueblo que las observa.  Tenemos que vivir de manera diferente.  Hay que vivir una vida que nadie pueda condenar y como resultado, nadie pueda hablar mal del mensaje de Dios.

Esto es una gran responsabilidad para mí.  En todo momento soy embajador de Cristo, representante de la patria celestial y mi comportamiento tiene que estar a la altura de lo que represento.  Deseo tener una vida limpia, clara que honre a aquél que me salvó.  Tengo que buscar practicar en mi vida la sana doctrina de Dios.  Parte de esa vida sana incluye el obedecer a los que nos gobiernan y estar siempre listos para hacer el bien.  Todo esto es como resultado de lo que Dios hizo por nosotros, que al salvarnos nos lavó y  regeneró, dándonos nueva vida a través de su Espíritu.  Él me hizo justo y por eso tengo la esperanza de la vida eterna.

Pablo muestra nuevamente que hay que ser firmes con aquellos que causan divisiones.  Él dice: “Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo, sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio.”  Tal vez en estos tiempos toleramos en la iglesia más de lo que debemos.  Hay que entender la diferencia, una cosa es el impío que critica pero otra es el hermano que causa división.  Con el primero hay que actuar pacientemente para tratar de alcanzarlo.  Con el segundo, luego de llamarle la atención en par de ocasiones, el consejo de Pablo simplemente es expulsarlo.  Eso suena fuerte pero en ocasiones es necesario.  Ojala que nunca nadie lo tenga que hacer.

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