Salmo 27: Confianza en la tribulación

Una de las experiencias de la vida que todos los seres humanos pasamos es por el miedo.  Desde pequeños le tememos a la oscuridad, a los monstruos imaginarios, básicamente a todo lo que no entendemos bien y tiene un aspecto que no lo encontramos agradable.  Cuando uno llega a ser adultos, las razones cambian pero todavía experimentamos temor.  Muchos de ellos están relacionados con el futuro, no sabemos que va a pasar, se le añade uno que otro enemigo, uno que otro problema o tribulación y terminamos temiendo hasta nuestra propia sombra.  Pero para aquel que confía en Dios debería ser diferente.  Por eso es que el salmista exclama: “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?  Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?”  Si Dios es para mí lo que clama el salmista, ¿por qué temo?  Tal vez es que lo que creo con el conocimiento no se ha arraigado en mi corazón.  Cuando niño, uno se siente seguro en los brazos de sus padres, no porque lo razone sino porque uno lo siente.  Con ellos he experimentado tranquilidad y seguridad, así que emocionalmente estoy confiando en ellos.  Como adulto, conocemos todas las cualidades de Dios y sabemos que él puede resolver cualquier problema que encontremos, pero en nuestro corazón no nos sentimos seguros de nuestra relación con él.  No porque él no sea fiel sino mas bien porque no lo hemos sido y por eso tememos que en medio de la tribulación que nos encontramos, él no vendrá a nuestro auxilio.

Pero el amor de Dios, su gracia y su misericordia son más grandes que cualquier cosa que nosotros podamos hacer.  Por eso es que podemos decir como el salmista: “Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado.”  Tengo que aprender que mis batallas ya no son mías, sino que son del Señor.  Pero hay algo que si yo puedo hacer, estar “en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.”  Mi vida devocional está en mis manos, yo puedo decidir buscar de Dios todos los días de mi vida, puedo decidir meditar en él diariamente y puedo decidir buscarlo en oración y visitar su casa para estar junto a otros hermanos y hermanas en Cristo.

Una clave aquí es no sentirse desamparado por mucho tiempo.  Los sentimientos vendrán pero yo tengo que llevarlos cautivos a la cruz porque yo sé que: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá.”   En medio de la tribulación vendrán dudas, comenzarán a surgir temores, pero tengo que recordar las palabras de este salmo que me exhorta a esperar en Jehová.  En su momento, me dará la victoria y así cantaré y entonaré alabanzas a mi Dios.

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