Salmos 13 y 14: ¡Ayúdame, Señor!

David, lamentándose de la ausencia de Dios y el triunfo de sus enemigos, ora por ayuda antes de que sea totalmente destruido y espera que su confianza en Dios no va a ser en vano.  Él ha sido perseguido por mucho tiempo y siente que Dios se ha olvidado de él.  “¿Hasta cuándo, Jehová?  ¿Me olvidarás para siempre?  ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?”  Le parece a David que su enemigo está saliendo con la mejor parte y él exclama lo que han clamado tantos a través de la historia, ¿hasta cuándo?  Lo interesante del caso es que David no se queda ahí, él pasa de la protesta a la oración, “Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío; alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte”, y de la oración a la alabanza cuando, aparentemente luego de haber recibido seguridad interior de que Dios lo va a ayudar, dice: “Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se alegrará en tu salvación.  Cantaré a Jehová, porque me ha hecho bien”.

Dios no puede olvidar pero a veces nos parece que es así.  A veces interpretamos el silencio de Dios como abandono y nos desesperamos y pensamos que su rostro se ha alejado de nosotros.  Sin embargo, podemos confiar que el siempre nos hará bien, es parte de su naturaleza, él nos protegerá y salvará.  ¿Podré cantarle a Dios por todo el bien que me ha hecho aún en medio de la tribulación?

El salmo 14 es casi idéntico al salmo 53.  David está preocupado por el ateísmo práctico en medio de su pueblo.  No era que necesariamente fueran ateos sino que actuaban como si lo fueran.  Sin embargo, él puede ver que vendrá el día cuando el juicio de Dios caerá sobre ellos.  David los llama necios porque piensan y actúan en contra de la razón.  ¿Quién al ver todo lo creado puede decir que no hay un creador?  Independientemente si uno es creacionista o evolucionista, ¿de dónde salió todo?  ¿De la nada?  Para creer que salimos de la nada hay que tener mas fe que el creer que hay un Creador.

El ateo a que hace referencia David es uno que no solo niega la providencia de Dios sino que lo niega en lo más profundo de su corazón.  Se ha convencido a sí mismo que puede hacer lo que le venga en ganas porque nunca va a recibir ninguna retribución.  David considera ese estado mental como indicativo de la perversidad que está en el interior de esa persona.  El ateismo es acompañado en muchas ocasiones por una profunda corrupción moral al pensar que no le tienen que rendir cuentas a nadie y que por lo tanto no hay norma ni regla moral.  Dios mira desde el cielo a la humanidad y concluye que no hay nadie que haga el bien, ni siquiera uno.  Eso lo usa Pablo siglos mas tarde para señalar que la única solución al pecado y la depravación del hombre es Jesucristo.  No hay justo, ni aún tan solo uno pero Jesús por su sacrificio en la cruz nos hace justos delante de la presencia de Dios.  Yo podré cometer en mi vida muchos errores pero nunca el decir que no hay Dios.  Él es real, existe y es personal.  Puedo creer o no creer pero eso no afecta el hecho de que él sigue siendo Dios.

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