Salmo 24: El rey de gloria

En mi juventud, tuve un amigo que escribió una canción basada en este salmo.  Siempre que oía los primeros versos me venían la imagen de Dios en su trono mirando todos los confines de la tierra y mostrando bien claramente de que él era, no sólo el creador sino también el que estaba en control.  David comienza declarando la soberanía y la majestad de Dios.  No sólo él creó la Tierra, “Porque él la fundó sobre los mares, y la afirmó sobre los ríos”, sino también es el dueño de ella y de todo lo que en ella hay, “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan.”  La pregunta se vuelve, ante toda esta majestad y señorío, ¿quién podrá estar ante la presencia de Dios?

La respuesta es clara.  Solamente “El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño.” Jesucristo dijo lo mismo en el Sermón del Monte, “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.”  Si este es el requisito para estar delante de la presencia del Señor, ¿no será importante que sepamos cómo consistentemente podemos hacerlo?  El secreto no está en nuestras fuerzas, porque es nuestra experiencia que por más que nos esforcemos, no lo podemos hacer y lograr porque no está en nuestra naturaleza pecaminosa el obedecer a Dios.  Solamente uno fue capaz de cumplir con todo y obedecer en todo y ese fue Jesucristo.  El secreto manifestado a la humanidad con la venida del Hijo de Dios hace más de dos mil años es que Cristo en nosotros puede hacer que tengamos limpias nuestras manos y puro nuestro corazón.  Por eso es que nos da el Espíritu Santo, él nos redarguye de pecado y nos muestra como debemos vivir.  Si seguimos su dirección, Jesucristo nos justifica delante de Dios y ante su presencia  seremos de limpio corazón, resultando que podamos ver a Dios. ¡Aleluya!

¿Quién es éste Dios que veremos?  “Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla . . . Jehová de los ejércitos, El es el Rey de la gloria.”   El nombre de Jehová es el nombre personal de Dios, revelado a Moisés en el Monte Horeb y transliterado a nuestro idioma (Éxodo 3).  Él es el Dios de Abraham, Isaac, Jacob, Moisés y David.  Es el que a través de la historia a tenido una relación con la humanidad, aquél que dio a su hijo por nosotros en la cruz y todavía hoy día desea tener una relación personal con dada uno de nosotros.  Ese es el Dios que veremos si creemos en Jesucristo que murió por nosotros en la cruz.  ¿Cuántos quieren ver a Dios?

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