Salmo 32: ¡Perdonado!

Este salmo comienza diciendo “Feliz el hombre a quien sus culpas y pecados le han sido perdonados por completo. (DHH)”  Son pocas las experiencias que se pueden comparar en la vida con el momento que uno realiza que ha sido perdonado.  Me recuerda la historia de un joven que luego de hacer sufrir mucho a sus padres, abandonó el hogar y se fue a otra ciudad.  Un día sufrió un accidente en el cual perdió las dos piernas.  A los padres saberlo, inmediatamente volaron al hospital donde se encontraba el joven.  Allí se abrazaron sobre él y dieron muestras de un amor invariable.  El joven, con gran humildad, les preguntó: “¿Quiere esto decir que ustedes me perdonan?”  Los padres le contestaron:  “Siempre te hemos perdonado y ahora mucho más.”  El muchacho emocionado dijo: “Pues entonces podré vivir sin piernas.”

El salmista se acerca a Dios pidiendo perdón.  Él expresa cómo estaba cuando ocultaba su pecado, “Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día.”  Uno hasta se enferma cuando ha pecado y lo esta ocultando.  Me acuerdo, hace muchos años atrás, a un hombre que se apareció en los portones de la iglesia buscándome para que orara con él.  Al irnos a la oficina y preguntarle, me dijo que estaba teniendo relaciones con otra mujer por mas de un año, su esposa e hijos no lo sabían, pero que en ese periodo se había envejecido y enfermado significativamente y que necesitaba ayuda, quería ser perdonado por Dios y que quería salir de la situación.  Al uno pecar, uno sabe que está haciendo mal y no va a sentirse bien hasta que nos arrepintamos delante de la presencia de Dios.

Lo mejor que uno puede hacer es lo que hizo David: “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad.  Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado.”  No entiendo porque le tememos tanto a el ir a Dios y confesarle nuestro pecado.  No se nos debe olvidar que ya él lo sabe, no estaba oculto para Dios y por lo tanto nuestro acto es uno de reconocer delante de Dios que hemos hecho mal y pedirle perdón.  Si venimos con el corazón sincero, si nos acercamos a él por nuestra propia voluntad, Dios nos va a perdonar y tendremos la oportunidad de hacer lo correcto delante de Dios.

El perdón de Dios es algo glorioso y algo que nunca debemos de temer a buscar.  Pero, David menciona algo mejor, “Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño.”  Hay perdón si pecamos pero todavía mejor es el no pecar.  En otras palabras, feliz es el hombre que no es mal intencionado y a quien el Señor no acusa de falta alguna.  Mi meta, luego de conocer a Jesucristo, es vivir una vida que agrade a Dios.  Yo no quiero vivir una vida que cada segundo este yendo delante de la presencia de Dios a pedir perdón, sino una vida en la cual no haya maldad y que me encuentre en la búsqueda continua de la comunión con Dios.  Yo quiero poder seguir el consejo de David cuando dice: “Alegraos en Jehová y gozaos, justos; y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón.”

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