Salmo 35: Plegaria pidiendo ayuda del Señor

Hemos visto muchas películas de caballeros de la mesa redonda y todas las costumbres caballerescas, que nos gustaría que de vez en cuando Dios actuara así.  David le pide a Jehová que entre a la batalla como su campeón a defenderlo: “Disputa, oh Jehová, con los que contra mí contienden; Pelea contra los que me combaten. Echa mano al escudo y al pavés, Y levántate en mi ayuda.”  El pavés era un escudo oblongo de suficiente tamaño para cubrir casi todo el cuerpo del combatiente.  Así que David le pide a Dios que se ponga su armadura y se lance al ruedo.  ¡Cuántos nos gustaría que Dios hiciera eso!  En la vida nos enfrentamos con situaciones desesperadas, que no sabemos que va a suceder, que parece que todos nuestros enemigos se han juntado y están en nuestra contra.  En esos momentos es que quisiéramos ver el caballero en el caballo blanco, espada en mano luchando a nuestro favor.  No lo vemos, pero el cristiano puede estar seguro de que Dios estaba allí.  Si nuestra vida es recta, somos sus hijos y estamos en la búsqueda continua de avanzar su reino, Dios nunca nos va abandonar.  A veces, lo que nos sucede es consecuencia de nuestro propio pecado, pero esa consecuencia va a ser solo terrenal porque Jesús quitó la mala consecuencia eternal y nos da vida eterna en el cielo con él.  Otras ocasiones, son meras pruebas para que nosotros crezcamos en él, pero sea una u otra, Dios nunca nos va abandonar.

David alaba a Dios aún antes de haber experimentado la victoria.  Él dice: “Entonces mi alma se alegrará en Jehová; Se regocijará en su salvación.”  Él pide ayuda, pero está confiado de que Dios va a responder.  Uno de sus argumentos es que es inocente porque aún cuando sus enemigos se enfermaron, David oró por ellos para que Dios interviniera a su favor.  “Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio; Afligí con ayuno mi alma, Y mi oración se volvía a mi seno.”   Lo de orar por sus enemigos es de cristianos pero David era precristiano, así que aún el entendía que era de Dios el tener misericordia.  Obviamente, David se queja de que ellos no hicieron lo mismo por él, pero de otra parte, por que le ha de sorprender si ellos no tienen el temor a Jehová que tiene David.  Estas son algunas cosas de David que nos indican de que él era conforme al corazón de Dios.

De vez en cuando, el salmista usa frases que probablemente yo no me atrevería decirle a Dios por respeto.  David dice: “Muévete y despierta para hacerme justicia, Dios mío y Señor mío, para defender mi causa.”  Desconozco el tono de cómo se dijo originalmente pero la frase “muévete y despierta” no sería una que yo usaría al acercarme a Dios.  Sin embargo, esto muestra que Dios está dispuesto a escucharnos tal y como nosotros nos acercamos a él.  Él sabe que somos humanos, que nos desesperamos, que nos sentimos en ocasiones abandonados y solos, y por eso el prefiere que nos acerquemos a él humillados, con el corazón en la mano y expresando lo que sentimos.

El salmo termina con una exhortación a que todos se unan a alabar a Dios.  A esa exhortación todos nos unimos y exclamamos: “Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa, Y digan siempre: Sea exaltado Jehová, Que ama la paz de su siervo.  Y mi lengua hablará de tu justicia Y de tu alabanza todo el día.”  ¡Amén!

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