Salmo 39: La vida es breve.

Este es uno de los salmos que no tiene final feliz y es un salmo triste.  El salmista trata de encontrarle sentido al sufrimiento pero no lo logra.  Le pide la ayuda a Dios y no la recibe.  Un salmo con este tipo de tema y que sea parte de las escrituras, me hace pensar que Dios acepta  los conflictos y las amarguras de todas las personas.  El salmista exclama: “Quita de sobre mí tu plaga; estoy consumido bajo los golpes de tu mano.”  En otras palabras le dice a Dios que pare ya de castigarlo porque si Dios no se detiene lo va a aniquilar.  Al final de salmo, no hay palabra de esperanza, no hay nada final en cuanto al sufrimiento.  Sin embargo, lo increíble es que Dios lo permite.  Dios entiende que tiene valor contender con él.

Cuando estaba comenzando la universidad, fueron muchas las ocasiones que bien tarde en la noche, me pasaba hablando con amigos creyentes sobre la existencia de Dios, como él era, por qué había sufrimiento, por qué la gente se perdía y otros temas de esa índole.  Expresábamos nuestras dudas y problemas que teníamos tratando de figurar a Dios con el conocimiento para después rendirnos a la fe.  En esas conversaciones, crecí más que en muchos de los cultos que asistí.  Dios no se ofende que cuestionemos, siempre y cuando, nuestra intención sea pura y en búsqueda de la verdad.  Jesucristo es la verdad y solamente preguntando, dudando, cuestionando y buscando es que lo podremos hallar.

El salmista respeta (teme) a Dios de tal manera que nos dice: “Atenderé a mis caminos, para no pecar con mi lengua; guardaré mi boca con freno, en tanto que el impío esté delante de mí.”  Él se cuestiona y pregunta pero no lo va a ser delante del no creyente.  Lo único que ganaría es crearle mas confusión al impío y afectar el buen nombre de Dios.  Pero llega un momento que no puede aguantar más, y en su meditación, no delante del impío, le dice a Dios, “Señor, dime qué pasará ahora. Dime cuánto tiempo me queda de vida.  Quiero saber qué tan corta será mi vida. (PDT)”  En mi juventud siempre pensé que vivir 70 y 80 años era mucho tiempo.  Con el pasar del tiempo, ahora tengo otra opinión, eso no es nada.  La vida que me parecía larga ahora me parece corta.  Entiendo muy bien porque el salmista quiere saber cuánto le queda de vida.  ¿A quién en sus cuarentas y cincuentas no le gustaría saberlo?  Lo único que el salmista se siente seguro de exclamar es “Mi esperanza está en ti.”

Se reconoce que Dios castiga el pecado con el propósito de corregirnos y ver si regresamos a él.  Pero para el salmista, en ocasiones, ese castigo es tan fuerte que le dice a Dios, “Déjame, y tomaré fuerzas, antes que vaya y perezca.”  O sea, deja ya de mirarme, dame un momento de respiro, antes que me vaya y deje de existir.  Aunque se ve que son palabras de frustración, también se nota el temor reverente a Dios.  Si el salmista se expresó así en una que otra ocasión, ¿por qué nosotros no lo vamos hacer?  A. W. Tozer dijo en una ocasión, “Es dudoso que Dios puede bendecir a un hombre mucho hasta que Él le haya herido profundamente.”  Dios sabe lo que nos conviene, sabe lo que podemos resistir y desde su perspectiva, no hay ningún regalo mejor que se le pueda dar a una persona que no sea el tener la oportunidad de acercarse a Dios y conocerlo mejor, aquí y en la eternidad.

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