Juan 2: Sobre bodas y templo

Jesús siempre sorprende a uno.  En las bodas de Caná, algo que debiera pasar a la historia sin ser un evento significativo, Jesús sin embargo hace su primer milagro.  Sin lugar a dudas eran momentos difíciles para los recién casados al no tener más vino.  María, la madre de Jesús, sospechaba que él podía hacer algo al respecto.  Pero para Jesús, su tiempo todavía no había llegado.  Sin embargo, de la manera que se lo dijo a su madre, no necesariamente suena de buena manera.  “Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.”  Nosotros no estábamos allí, pero al leerlo no suena que fuera de la manera correcta.  Pero por otra parte, ¿por qué María quería que Jesús hiciera un milagro?  Tal vez, Jesús quería establecer los parámetros de su relación pública con su madre ya que en este evangelio, María solo se menciona una vez más y fue en los eventos de la cruz.  María no va a tener control de la agenda de Jesús sino solamente su Padre celestial la dirigirá.  Ya eso claramente establecido, María procede a decirle a los sirvientes que hagan lo que Jesús diga.  El punto aquí es que la persona a cargo ya no es María sino Jesús.  ¿Hemos dejado que Jesús se haga a cargo en nuestras vidas?

Jesús va a Jerusalén y tiene su primera confrontación mayor con los líderes judíos.  Esto toma lugar durante la limpieza del templo durante la Pascua.  Esta es la primera vez que en el evangelio de Juan se hace referencia a la fiesta de las Pascuas.  Más tarde en el libro se hace referencia a dos ocasiones (6:24 y 11:55, 12:1) más siendo la última la de su crucifixión.  En otro de los evangelios (Mateo 12:1) se habla de una que tal vez no está en Juan.  Por lo tanto, probablemente el ministerio de Jesús consistió de 4 Pascuas en tres y medio años.

Independientemente si fueron dos limpiezas de templo o una, el hecho es que Jesús mostró un gran celo por las cosas de su Padre.  Él no podía tolerar la profanación de la casa de Dios.  Jesús nunca pecó, por lo tanto esas manifestaciones de celo por la casa de Dios, no podemos considerarlas cómo pecaminosas sino que como Hijo de Dios expresaban la ira justa de Dios ante las manipulaciones de los mercaderes del templo.

El otro detalle maravilloso de ésta escritura es el hecho de que Jesús, “no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre.”  En otras palabras, Jesús no necesitaba que nadie le dijera cómo era la gente porque sabía de antemano lo que todos pensaban.  Él conoce lo más intimo de nuestros pensamientos.  El sabe cuando nos acercamos a él sinceramente y cuando tratamos de poner un frente falso.  ¿Por qué nos atrevamos a ir delante de su presencia aparentando lo que no somos?  ¿Cuándo aprenderemos de que Dios se agrada del limpio de corazón y pobre de espíritu?  Si algo he aprendido en mi vida es de acercarme a Dios tal como soy.  ¿Por qué voy ni siquiera a intentar a ser lo que no soy delante de él cuando él lo conoce todo?  He aprendido que cuando reconozco mi condición y soy sincero en mi necesidad, él escucha mi oración y responde.  ¡Señor, ayúdame a presentarme delante de ti tal como soy y a confiar en tu gracia y misericordia!

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