Juan 9: Jesús sana a un ciego de nacimiento

¿Viene el sufrimiento a causa del pecado?  Muchos hoy en día piensan que hay una correlación directa entre lo pecador que uno es y el sufrimiento que uno va a tener sobre esta tierra.  Algunos de otras religiones lo llaman hasta “Karma” y si no lo pagas en esta vida lo vas a pagar en la próxima.  Algunos cristianos asocian la falta de pecado con prosperidad y eso no es de nuestro tiempo, sino que los judíos en la época de Jesús lo pensaban así.  Aunque  no es lo que vemos vez tras vez en las escrituras, nos parece lógico que el justo si le sirve a Dios debe prosperar.  La enfermedad la asociamos con pecado, la salud con la falta de pecado en nuestras vidas.  En este pasaje, Jesús corrige esa idea de que el sufrimiento viene como consecuencia de un determinado pecado.

Los seres humanos generalmente buscamos respuestas y racional que nos ayude a manejar las preguntas difíciles sobre el dolor, sufrimiento y la maldad.  Los discípulos asumieron que un problema se puede tolerar mejor si sabemos el por qué.  Ellos buscaban saber de parte de Jesús, a quién se debía culpar por el infeliz estado del ciego.  Esto se parece tanto a los amigos de Job.  Ellos buscaban confortarlo juzgándolo y al hacerlo, se colocaron sobre la tarima de su auto-justificación, “si te paso a ti y a nosotros, no es porque de alguna manera somos mejores que tú”.

Cuando los discípulos hacen la pregunta, pasaron de ser servidores a jueces.  Jesús no acepta la premisa y simplemente les contesta, “No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.”  Jesús no acepta la alternativas ofrecidas por sus discípulos y responde basado en la gracia de Dios delante de la necesidad humana.  Uno de los milagros que los judíos esperaban que hiciera el Mesías era darle vista a los ciegos.  Juan relata el milagro de darle la vista a un ciego para que nos demos cuenta de la ceguera espiritual de una religión que no tiene a Cristo.  Jesús había dicho anteriormente que venía de Dios, que Dios lo había enviado, procede a sanar ciegos, pero sin embargo, ellos optan por no aceptar lo mismo que ellos habían enseñado.

El hombre sanado se convirtió en un portavoz leal de Jesús.  Debido a su antigua condición, no parece que fuera de muchas letras y definitivamente que no podía argüir con los fariseos y maestros de la ley.  Pero tal vez, lo que le falta en conocimiento lo compensaba con su sentido común.  Al ser interrogado tiene un intercambio con los eruditos que es genial:

“Los jefes judíos volvieron a llamar al que había sido ciego, y le dijeron:

—Júranos por Dios que nos vas a decir la verdad. Nosotros sabemos que el hombre que te sanó es un pecador.

Él les contestó:

—Yo no sé si es pecador. ¡Lo que sí sé es que antes yo era ciego, y ahora veo!

Volvieron a preguntarle:

—¿Qué hizo? ¿Cómo fue que te sanó?

Él les contestó:

—Ya les dije lo que hizo, pero ustedes no me hacen caso. ¿Para qué quieren que les repita lo mismo? ¿Acaso también ustedes quieren ser sus seguidores?

Los jefes judíos lo insultaron y le dijeron:

—Seguidor de ese hombre lo serás tú. Nosotros somos seguidores de Moisés.  Y sabemos que Dios le habló a Moisés; pero de ese Jesús no sabemos nada.

El joven les respondió:

—¡Qué extraño! Ustedes no saben de dónde viene y, sin embargo, a mí me ha sanado.  Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí escucha a los que lo adoran y lo obedecen.  Nunca he sabido que alguien le haya dado la vista a uno que nació ciego.  Si este hombre no fuera enviado por Dios, no podría hacer nada.

Entonces le contestaron:

—Ahora resulta que tú, siendo pecador desde que naciste, nos vas a enseñar. ¡Ya no te queremos en nuestra sinagoga!

El hombre sin ser maestro de la ley se los echó al bolsillo.  Y cuando razonando, el establecimiento religioso no pudo ganar el argumento, el próximo paso fue expulsarlo de la sinagoga.  Pero si es cierto que el establecimiento religioso lo abandonó, eso no fue el caso con Jesús.  Él le pregunta: “¿Crees tú en el Hijo de Dios?” y el hombre dando muestras de su sentido común y brillantez le dice: “¿Quién es, Señor, para que crea en él?”  En otras palabras, si viene de ti que eres mi sanador, yo voy a creer y no solamente le creeré sino que también le adoraré.  ¡Señor, creo en ti, ayúdame a creer y enséñame a adorar!

1 Comment

Filed under Juan

One response to “Juan 9: Jesús sana a un ciego de nacimiento

  1. José Santana

    Amén.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s