Juan 12: De todo como en botica

Este capítulo es “de todo como en botica”.  Muchas ideas y relatos a un paso acelerado para irnos preparando a los momentos de la última cena de Jesús mas tarde en el evangelio.  Así que si los párrafos no aparecen muy conectados, miren las escrituras y coméntenlas.  Todo comienza cuando seis días antes de la Pascua, Jesús va a Betania a casa de Lázaro y allí María lo unge con perfume, uno bien caro, cuyo costo era casi equivalente al salario de un año de trabajo.  En esta historia, la idea de que Judas de alguna manera era el discípulo mas fiel porque cumplió el designio de entregarlo no es posible.  Las escrituras dicen que era ladrón, porque le estaba robando al grupo de su fondo en común.  Uno que era ladrón, no iba a ser el más leal de los discípulos.

Interesante es ver cómo los líderes religiosos reaccionan a la resurrección de Lázaro; no solamente hay que matar al que hizo el milagro, sino la evidencia del milagro, que es Lázaro resucitado hay que eliminarlo.  No hay nada mejor que el testimonio de alguien que puede decir que estaba muerto pero ahora está vivo por el poder de Dios.  Eso resulta en que mucha gente crea y decida seguir a Jesús pero también polariza a los que quieren hacerle daño a las buenas nuevas.

De la entrada triunfal a Jerusalén, llama la atención el comentario de los fariseos.  Ellos dicen: “Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él.”  Todo cómo resultado de haber resucitado a un muerto.  No digo que sea fácil pero si la predicación de las buenas nuevas viene acompañadas por señales y prodigios, es más efectiva que solamente la palabra sola.  La pregunta es si aquellos que se acercan por las señales, si mas tarde cuando la cosa se pone fuerte, se quedan.  Pero nunca nos engañemos, el que no va a creer, aunque vea a un muerto resucitar, seguirá sin creer buscándole cinco patas al gato para explicar porque sigue sin creer.

¿Por qué el detalle de los griegos que vienen a la fiesta a adorar en Jerusalén y que quieren ver a Jesús? “Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta.  Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús.  Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús.  Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.  De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. ¿Por qué Jesús responde de esa manera?  No lo sabemos pero definitivamente que Juan esta mostrando que el final se acerca y que Jesús en el futuro no va a ser sólo para el judío sino también para el gentil.

Jesús dice unas palabras que ponen a pensar: ¿Estoy yo donde está Jesús?  ¿Le estoy sirviendo?  Jesús dijo: Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.”  Yo deseo servirle, seguirlo y estar en donde él está.

Si alguien cree que para Jesús era fácil lo que iba a ser, debe leer lo que dice Jesús.  “Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora.”  Jesús sabe que vino a morir en la cruz, pero eso no significa que sea para él un paseo en el parque.  Al contrario, no es solo la horrible muerte física sino también cómo se va a sentir cuando lleve en sí mismo la carga del pecado de la humanidad.  El desea que su sacrificio resulte en ellos creer en Dios y por lo tanto le pide al Padre que le muestre su poder al mundo.  Dios se manifiesta con voz audible que dice: “Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez” ó como lo dice TLA “Ya he mostrado mi poder, y volveré a mostrarlo.”  Es interesante ver cómo Juan entiende lo que la voz dice pero en la multitud algunos decían “que había sido un trueno. Otros decían: Un ángel le ha hablado.”  A veces pienso si sólo los que creen son los que pueden escuchar a Dios y para los otros es un trueno que está sonando.  También a la pregunta directa “¿Quién es este Hijo del Hombre?”, Jesús opta por no contestarla directamente con un “Yo soy”.  Parece que el que no quiere creer, no importa todas las señales y milagros que presencie, va a seguir sin creer.  Ya sea porque endurece su corazón o porque Dios se lo endurece, el hecho es que oyen, no creen y por eso serán condenado, no por Jesús sino por la palabra que rechazaron.  Cuando nosotros predicamos, la palabra que hablamos puede ser para salvación como también puede ser para condenación si es rechazada.  Por eso es que tenemos que prepararnos, con nuestro mejor esfuerzo y continuar siendo llenos del Espíritu Santo, para la presentación del glorioso evangelio de Dios.

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