Juan 13: Jesús lava los pies de sus discípulos

Una de las escenas de las escrituras más contrarias a nuestra naturaleza carnal es cuando Jesús le lava los pies a sus discípulos.  Es parte nuestra querer que nos sirvan en vez de servir a los demás.  Y si vamos a servir, lo último que la mayoría de las personas desean hacer es limpiarle los pies a otros.  Ese acto era hecho por los esclavos de la casa cuando se recibían visitas en el hogar.  Luego de caminar todo el día en sandalias por caminos polvorientos, era un alivio para el viajero que alguien le limpiara los pies.  Así que era una labor necesaria pero hecha por los esclavos que servían el hogar.

Antes de comenzar esa íntima comida con sus discípulos, Jesús les da una lección de humildad.  Jesús, siendo el huésped de honor, se viste como esclavo y con una toalla en la cintura se pone a lavar los pies de sus seguidores.  Jesús, que siempre fue igual a Dios, renunció a esa igualdad para no solo hacerse igual a nosotros, sino también ser servidor de nosotros.  Él se humilló, no solo lavando los pies, sino también muriendo en la cruz.  ¡Qué lección para nosotros!  ¿Alguien quiere un ejemplo de humildad?  Sólo hay que leer los evangelios y ver a Jesús.  Al comparar nuestra vida con la de él, realizamos que nos falta tanto para comenzar a mostrar que somos verdaderamente sus discípulos.

El pasaje nos indica que Jesús amó a sus discípulos hasta el fin.  Una manifestación de ese amor, no fue solamente el lavar los pies de los que le amaban, sino también lavar los pies de aquél que lo iba a entregar.  ¿Estaríamos dispuestos a hacerlo?  Antes de responder rápidamente, debemos pensar si en cosas mas simples lo hacemos.  ¿Ayudo a la viuda y al inmigrante?  ¿Qué de los desposeídos y necesitados?  ¿Lo haríamos con aquél que nos va a traicionar?  Yo sé que no podría con mis fuerza pero también sé que todo lo puedo en Cristo que me fortalece.  El lavar los pies de otros es una demostración en humildad de que alguien más grande que nosotros está en nuestro interior.  Deseo ser lleno de Dios de tal forma y manera que pueda amar a los que Dios ha puesto a mi cuidado de la misma forma que Jesús amó a sus discípulos.  ¡Así sea, Señor!

Si tengo en mi vida la misma actitud de servicio que tenía Jesús, voy a servir a mis hermanos y al hacerlo voy a ser bienaventurado.  Jesús un día perdonó mis pecado, ya no necesito continuar lavándome, sino que con los pies, sirviendo a otros, basta.  “El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos . . . Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis.”

En el pasaje Jesús dice: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.”  Solamente amando así es que nos amaremos y serviremos los unos a los otros de la misma manera como Jesús amó y sirvió a sus discípulos.  ¿Amo yo a todos los hermanos y hermanas en el Señor?  ¿Tengo rencilla con alguno?  Si somos honestos y estamos concientes de lo que Jesús quiere y espera de nosotros, mantendremos cuentas cortas con los hermanos que tengamos diferencias.  No porque somos mejor que nadie sino porque nuestro deseo es vivir como Cristo vivió y servir como él.  ¡Hay un camino tan largo por recorrer!  Ten misericordia Señor y transforma mi corazón ayudándome a comenzar el camino que tengo que recorrer en esta área.

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