Juan 18: El Arresto y juicio de Jesús

Para arrestar a Jesús, llevaron soldados y alguaciles armados.  Uno que nunca cargó un arma fue arrestado por gente armada hasta los dientes.  Algunos creen que fueron  más de doscientos soldados armados.  Los violentos no saben que hacer con Jesús y con aquellos que lo siguen.  No saben que esperar, no saben como van a reaccionar y le temen.  Pero la gente de Dios tiene que aprender del Maestro.  No tomar armas para defenderse.  No estoy hablando de conflictos armados, con ejércitos y todos, sino en el trabajo, en la escuela, en el vecindario, uno tiene que confiar en Dios que está con nosotros como poderoso gigante y dejarse defender por él.  Si su voluntad es otra, debemos también confiar que aún cuando seamos derrotados en términos de este mundo, la victoria está asegurada allá en el cielo.

Nuevamente aquí tenemos otro “Yo soy”.  En esta ocasión fue meramente contestando una pregunta.  “Le respondieron: A Jesús Nazareno. Jesús les dijo: Yo soy . . . Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra.”  ¿Qué sucedió?  Jesús demostró que él estaba en control de la noche.  Los que le querían arrestar lo temían mucho más a él que cualquier preocupación que pudiera tener el Maestro.  Ya sea por causas naturales o supernaturales, la presencia de Jesús fue avasalladora sobre la banda que lo vino a arrestar.  Si ellos lograron arrestarlo, fue porque él se dejó, no por el poder de las armas.  Nunca se nos debe olvidar eso.  Jesús fue voluntariamente a la cruz, nadie lo obligó a ir y nadie lo llevo allí sino por su propia mano.  La cruz fue un acto voluntario del Hijo de Dios aunque Pilato y los líderes de los judíos pensaran de otra forma.

Jesús pasó por esa situación solo, aun Pedro lo niega en tres ocasiones y Pilato no sabe que hacer con él.  Lo que ellos no realizan es que Dios está al frente de todo, aunque ellos piensen que están controlando los eventos.  En realidad, algunos pensaron que callaba porque era culpable, cuando en realidad callaba por qué era inocente e iba a ser fiel a las escrituras hasta el final.  Mi Redentor fue sentenciado a muerte aunque esa sentencia resultó en vida para la humanidad.  Aún Barrabás no perece, porque Jesús es capaz de salvar a todos, aún los malos tienen oportunidad de venir a la cruz en busca de ese Cristo crucificado, que se puede revelar a sus vidas y descubrir que ya no está en la cruz porque al tercer día resucitó. ¡Aleluya!

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