Juan 19: Crucifixión y muerte de Jesús

Pilato, luego de fallar su intento de liberar a Jesús a través de manipular la multitud usando a Barrabás, tiene que regresar a bregar con el caso.  Ahora divisa un segundo plan, vamos a azotarlo para luego soltarlo.  Con eso, trata de aplacar a los líderes judíos a la misma vez que busca una justificación para soltarlo.  “Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó.”  Los romanos habían diseñado tres formas o patrones para cuando había que azotar a alguien.  La menos severa era fustiagatio de donde viene nuestro palabra fustigar que es dar azotes.  Este tipo de latigazos venía acompañado con advertencias en contra de repetir la ofensa.  Más fuertes eran los flagellatio que en español es flagelar, maltratar con azotes, donde los azotes o golpes eran severos con la intención de traer a la victima a un estado de completa sumisión sin quitarle la vida.  Esto era lo que se llamaban los treinta y nueve azotes.  El tercer tipo, los romanos lo llamaban verberatio, ó batir que es cuando se golpeaba de forma extremadamente brutal porque se daba con palos o látigos que contenían espinas, huesos o pedazos de metal con el propósito de desgarrar la piel del cuerpo de la víctima.  Algunos hasta morían durante la azotaína y los romanos colgaban el cuerpo en la cruz ya muerto.  La severidad dependía del oficial que estaba a cargo del acto.  Si la intención de Pilato era soltarle después de la paliza, Jesús probablemente sufrió el segundo de ellos.

Fuera el que fuera, Jesús no merecía los golpes que sufrió.  Recibir los cantazos sabiendo que eran injustamente por algo que no se cometió, y hacerlo simplemente por amor a la humanidad con el propósito de salvarla, es lo que pone a Jesús en un lugar aparte y por eso es que le buscamos, servimos y adoramos.

Pilato trata de soltarlo pero la multitud lo desea condenado a muerte.  Pilato prontamente realiza que ha menos que este dispuesto a usar la fuerza para liberarlo y protegerlo, va a tener que sacrificar a Jesús.  ¡Que cuadro tan conmovedor!  El hombre flagelado y el poderoso gobernador que no sabe que hacer con él.  Por tercera vez Pilato declara su inocencia, pero ante la intransigencia judía, tiene miedo y al fin y al cabo lo condena, no sin antes declarar que él no es culpable de lo que va a pasar.  ¿Desde cuando una persona en autoridad puede ordenar la muerte de un individuo y decir que no es responsable?  ¿Desde cuando se puede ordenar una injusticia y decir que yo no fui?  La realidad es que Pilato no sacaba ningún provecho en contradecir a los líderes religiosos y por eso fue que finalmente en contra de sus deseos ordenó una injusticia.

El Hijo del Hombre tenía que ser crucificado para salvar a todo aquél que cree.  El grano del trigo tenía que caer a la tierra y morir para no permanecer solo.  Él entrego su vida para que los que creyéramos en él tuviéramos vida eterna.  Todo esto viene del amor de Dios hacia nosotros.  ¿Cómo le corresponderemos a él?

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