Salmo 48: La ciudad de Dios

“Grande es Jehová, y digno de ser en gran manera alabado.  En la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo.  Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra, es el monte de Sion, a los lados del norte, la ciudad del gran Rey.”  Otro corito más de mi juventud.  Es una pena que en estas cosas no se pueda poner música porque lo estoy cantando en mi mente vez tras vez.  La ciudad de Jerusalén siempre tiene un lugar especial en la adoración a Dios.  Es la ciudad de Dios que está en su monte santo.  Allí era donde estaba el templo de Dios y fue donde David consolidó toda la adoración.  No es que Dios esté limitado a un templo hecho de manos sino que el pueblo de Dios en aquellos momentos era lo que necesitaba.  David tenía que reunir a Israel como nación y utilizó la adoración en el templo para lograrlo.

En muchas ocasiones en que los reyes judíos tenían problemas, iban a Dios para buscar ayuda.  Por eso el salmista dice: “En sus palacios Dios es conocido por refugio.”  Mas tarde añade que, “En la ciudad de nuestro Dios, la ciudad del SEÑOR de los ejércitos, pudimos comprobar con nuestros ojos todo lo que habíamos escuchado. Dios la establecerá para siempre. (PDT)”  Esa ciudad estará allí para siempre.  No me refiero a los bloques de piedra que están en la muralla hoy en día, sino que en el monte de Sión estará siempre la ciudad de Dios.  En muchas ocasiones fue destruida pero nuevamente en muchas ocasiones fue levantada.  Es tanta la seguridad que le imparte la vista de la ciudad al salmista, que este tiene que exclamar que se siente seguro que Jehová que protege la ciudad “es Dios nuestro eternamente y para siempre; El nos guiará aun más allá de la muerte.”  ¿Aún mas allá de la muerte?  Jesucristo mostró que eso era posible cuando la tumba no lo pudo retener y resucitó al tercer día.

He tenido la oportunidad de ver a Jerusalén desde el monte de los Olivos.  Se que básicamente es la ciudad bizantina, de las cruzadas y de los musulmanes, pero se ve espectacular.  Al caminar en sus calles, para el que cree, se siente la presencia de Dios de una forma especial.  Al acercarse al Muro de las Lamentaciones y ver tanta gente orando y clamando a Dios en el “Sabbath”, uno se siente mas cerca del cielo.  Es una experiencia inolvidable.

De la misma manera que los judíos en los tiempos antiguos tenían la ciudad y el templo para adorar a Dios, sería bueno que en nuestro caminar cristiano se tenga algunos lugares especiales de búsqueda de Dios.  Para algunos puede ser una cabaña en medio de los árboles, para otros una pequeña casa en la playa y a otros el altar de una iglesia con una historia y significado especial para ellos.  Sea donde sea, es bueno tener un sitio donde en los momentos difíciles de nuestra vida o en aquellos momentos de decisiones importantes podamos buscar tranquilamente el rostro de Dios.  ¡Qué siempre encontremos la presencia de Dios en todo lugar!

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