Salmo 53 y 54: No hay ninguno bueno

No hay ni tan solo uno bueno.  Eso es lo que dice el salmo y mas tarde lo repite Pablo en su epístola a los Romanos.  Dios miró al hombre y encontró que “todos se habían corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno.”  En realidad, si somos sinceros y nos examinamos críticamente a nosotros mismos sabemos que esto es verdad.  El pecado en nosotros, nuestra carne y el mundo son tan fuertes, que no importa que mucho esfuerzo pongamos nunca vamos a permanecer fieles a Dios ni buscar de él por nuestra propia cuenta.  Dios lo sabe, el resultado de su mirada a la humanidad no fue una sorpresa, él lo sabía desde el principio.  Y por eso, desde la eternidad, antes de la creación del mundo ya había un plan.  El salmista clama por esa solución cuando dice: “¡Oh, si saliera de Sión la salvación de Israel!”  Unos dos mil años mas tarde, la solución desde el principio de los tiempos se hizo manifiesta con el nacimiento de Jesús.  Lo que nosotros no podemos hacer, Jesús puede.  Ya lo demostró cuando vivió entre nosotros y nunca pecó.  Ahora, para aquellos que hemos creído, él vive en nuestro interior y su espíritu también mora en nosotros.  Por eso es que podemos dejar de practicar el pecado y comenzar andar en la luz.  Pero si esto es así, ¿por qué tenemos algunos pecados tan arraigados en nuestra vida que nos es tan difícil deshacernos de ellos?  Mientras vivamos en este mundo, ¿nunca alcanzaremos la victoria?

Nosotros en Cristo tenemos la capacidad de vencer el pecado en esta tierra.  No tenemos que esperar a la muerte para vivir una vida victoriosa.  La clave para tener éxito en nuestro peregrinaje espiritual depende de cuanto control de nuestra vida estemos dispuestos a darle a Cristo en esta tierra.  La mayoría de los cristianos con quienes hablo del tema, dicen que desean darle el control a Dios.  Yo creo que las intenciones están, lo que sucede es que no lo respaldamos con nuestras acciones.  ¿Cuándo lo haremos en serio?  Esto es como rebajar de peso, todo el mundo lo desea hacer pero son muy pocos los que están dispuestos a tomar las medidas drásticas que se requieren para lograrlo.  Tenemos que en ayuno y oración buscar el rostro de Dios para santificarnos por completo  ¡Necesito que Dios me ayude a hacerlo!

El segundo salmo es una oración en que se pide la ayuda a Dios.  David lo escribe cuando los habitantes de Zif van a donde Saúl a decirle por dónde David se andaba escondiendo.  Cuando la gente nos rechaza y traiciona, el creyente siempre se vuelve a Dios a pedirle su protección.  David le dice a Dios, “sálvame por tu nombre, y con tu poder defiéndeme.”  Él se encuentra tan seguro del resultado final que exclama: “Alabaré tu nombre, oh Jehová, porque es bueno.  Porque él me ha librado de toda angustia, y mis ojos han visto la ruina de mis enemigos.”  En nuestros momentos de angustia debido a nuestros enemigos, tenemos que hacer como el salmista que sin ver la salvación todavía da gracias por ella.  Deseo siempre estar dispuesto a dar gracias y alabar a Dios porque mi corazón se siente seguro de la respuesta de Dios.  Esto solo lo voy a lograr si dejo que el Espíritu de Dios tome el timón de vida y dejo que me guíe a puerto seguro.

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One response to “Salmo 53 y 54: No hay ninguno bueno

  1. José Santana

    Amén y Amén

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