Salmo 55: Oración de un perseguido

Aunque en mi vida he sido discriminado por mi fe, nunca se puede comparar con la persecución y el sufrimiento por el que pasó David antes de ser rey de Israel.  Por lo tanto, cuando leo este salmo tengo que tener mucho cuidado de no hacerlo desde mi realidad sino desde la de David, de acuerdo a lo que sé de él conforme a las escrituras.  En los momentos de persecución, es cuando sentimos la más grande necesidad de que Dios nos respalde.  Sabemos que de nuestro lado tenemos al más grande campeón del universo y nos desespera no verlo actuar inmediatamente a nuestro favor.  De que no actúa, ni siquiera podemos estar seguros, porque tal vez ya ha actuado y todavía no nos hemos dado cuenta.  Cuando nos persiguen, lo único que puedo hacer es lo que hace el salmista, clamar a Dios.  “Escucha, oh Dios, mi oración, y no te escondas de mi súplica.  Está atento, y respóndeme . . .”

La primera reacción de David es temor.  Él dice: “Temor y temblor vinieron sobre mí, y terror me ha cubierto.”  En medio de la persecución a uno le entra el pánico.  Al realizar que no hay mucho que podamos hacer, tememos porque no vemos ninguna salida a la situación.  Al sentir miedo, nuestras preocupaciones se magnifican, porque siempre vamos al peor de los escenarios y en esos instantes ni siquiera se nos ocurre en confiar en Dios.  Ese temor nos lleva a desear huir.  David exclama: “¡Quién me diese alas como de paloma!  Volaría yo, y descansaría.  Ciertamente huiría lejos . . . Me apresuraría a escapar del viento borrascoso, de la tempestad.”  Lo entiendo perfectamente bien.  En los grandes problemas uno quisiera escapar pero la experiencia me dice que no es la solución porque no se resuelven solos.  Por eso es que procedemos como David a pedirle a Dios que tome acción y destruya a nuestros enemigos.  Que yo sepa, no he tenido enemigos que sean de un asunto de vida o muerte, así que nunca he pedido a Dios que destruya a mis enemigos pero en el caso de David, uno comprende la situación y me pregunto si en la misma situación haría lo mismo.  A él lo estaban traicionando, y esto provoca su frustración.  No eran enemigos externos sino internos que le estaban tratando de apuñalar su espalda y por eso David pide; “Destrúyelos, oh Señor; confunde la lengua de ellos . . . Que la muerte les sorprenda”.

Duele cuando uno es traicionado.  Afecta tanto el corazón que solo por la misericordia de Dios es que uno puede llegar a perdonar.  Lo que no puedo hacer yo lo puede hacer Cristo en mí.  David sabe que en sus circunstancias solo hay una cosa que puede hacer, “En cuanto a mí, a Dios clamaré; y Jehová me salvará.  Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz”.  Tenemos que aprender que en estos asuntos de enemigos, traición y perfidias, mejor es dejárselos en las manos de Dios.  No es que uno pueda ignorarlos, muy difícil, pero lo que uno si puede hacer es ir delante del trono de su gracia, presentárselo a Dios y confiar en que él va a tomar acción.  Mi experiencia ha sido que el nunca me ha abandonado y basado en sus escrituras y la experiencia personal, uno puede vivir confiado de que Dios en su momento va actuar.  Si hay formas de remediar la situación, uno debe verlas como puertas que Dios abre para que podamos escapar del lazo del enemigo.  Debemos seguir el consejo de David que nos dice: “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo . . . Pero yo en ti confiaré.”

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One response to “Salmo 55: Oración de un perseguido

  1. José Santana

    Amén

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