Salmo 56: Confío en tus promesas

Este salmo lo compuso David cuando los filisteos lo tomaron preso en Gat.  Allí el tuvo miedo y tuvo que hacerse el loco para que el rey lo dejara ir.  Él acababa de escapar de Saúl a la tierra de Gat, para encontrarse que ellos no se olvidaban de sus hazañas en contra de los filisteos.  Así que cuando escribe esto, Saúl lo está buscando para matarlo y a donde él huye, están decidiendo que hacer.  David solo piensa que su esperanza está en Dios.  Tiene temor pero “En el día que temo, yo en ti confío . . . En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?”  Es interesante, pero parece que mientras más temor, más confianza.  Él reconoce que no tiene otra alternativa que esperar en Jehová y poner su vida en las manos del Todopoderoso.

En las situaciones difíciles de la vida, uno en ocasiones se siente solo y abandonado.  Al ver que todo sale mal, uno se desespera y piensa, ¿hasta cuándo?  David no es la excepción, pero él hace algo que nosotros no hacemos con suficiente frecuencia, el declarar victoria.  “Serán luego vueltos atrás mis enemigos, el día en que yo clamare; esto sé, que Dios está por mí.”  Él confía en que Dios oirá su clamor y basa esa confianza en el hecho de que Dios está con él y por él.  ¿De dónde sale esto?  De una vida de ver la mano de Dios cuidando y bendiciendo a uno.  David probablemente se recuerda de todas las veces que Dios lo ha librado hasta ese día.  No solo del león y el oso que atacaban a sus ovejas, sino de Goliat y de todos sus enemigos.  Él no necesita mas pruebas para clamar por ayuda y confiar que Dios a su tiempo actuará.

En eso es que hay que pensar.  Desde que conocí a Dios de manera personal, cómo él me ha cuidado, guardado y bendecido, aún antes de comenzar a servirle en mi adolescencia.  Dios ha estado allí y nunca me ha abandonado ni dejado.  A veces las cosas toman más tiempo de lo esperado, pero eso no significa de que Dios se haya olvidado, simplemente que va a ser en el tiempo de Dios.  He aprendido a lo largo de mi vida, que algunas cosas que aparentemente llegaron tarde a mí, el tiempo y la distancia dicen que fue mejor así.  En eso consiste el confiar, Dios no me tiene que dar explicaciones, yo confiaré activamente en él.  ¡Dios, enséñame hacerlo así! Por eso, me uno a David cuando dice: “En Dios alabaré su palabra; En Jehová su palabra alabaré.  En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?”

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