Salmo 59: Dios es mi protector

La vida es tan frágil.  El hecho de que podamos escribir o leer estas líneas es un milagro de Dios.  Cuantas veces, sin el conocimiento y la tecnología que Dios nos ha permitido desarrollar, hubiéramos fallecido en otro tiempo y en otro lugar.  Cuántas apendicitis, infecciones o enfermedades hemos sobrevivido por su misericordia.  En la época del salmista, no había otra alternativa que la de confiar en Dios.  Si no era Jehová, los seres humanos iban y buscaban otros dioses.  El problema es que esos otros dioses no existían porque el único Dios real y vivo es aquél cuyo nombre es Jehová.  El rey Saúl está buscando a David para matarlo, por lo tanto, para David sólo hay una salida y es pedirle a Dios que lo proteja.  Por eso, David comienza el salmo diciendo: “Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío; ponme a salvo de los que se levantan contra mí.”  Ante un rey y unos súbditos que lo persiguen, la respuesta de David es clamar a Dios por protección.  ¿No haríamos nosotros lo mismo?  Sus enemigos son poderosos pero más poderoso es Dios. “A causa del poder del enemigo esperaré en ti, porque Dios es mi defensa.”

David no pide que Dios los mate, sino que, “Tú, Dios mío, eres nuestro protector; ¡sacúdelos con tu poder!  ¡Ponlos por el suelo!  Pero no los mates; así mi pueblo no lo olvidará.(TLA)”  Para David, si ellos están vivos y derrotados caminando en medio del pueblo, servirá de recordatorio al pueblo de quienes fueron y por qué ahora están así y a quién ha escogido Dios para proteger.

Se le pide acción a Dios para que actuando nadie pueda decir que Dios no lo escucha.  Para David, la muestra de que Dios está escuchando es su acción en contra de los enemigos y a favor de él.  Sin embargo, si lo pensamos bien, la falta de acción de Dios en ocasiones es una muestra también de que Dios está escuchando.  El problema es que pedimos mal, conforme a nuestros deseos y pasiones, y por lo tanto es mejor que Dios no responda a nuestra petición o que su respuesta sea un no.

Para David, todo esto va a resultar en él alabar y glorificar a Dios por lo que ha hecho.  David dice: “Pero yo cantaré de tu poder, y alabaré de mañana tu misericordia; porque has sido mi amparo y refugio en el día de mi angustia.  Fortaleza mía, a ti cantaré; porque eres, oh Dios, mi refugio, el Dios de mi misericordia.”  Me uno a él en la alabanza a Dios.

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