Salmo 65: Dios es digno de alabanza

Dios merece nuestras alabanzas y que le cumplamos todas las promesas que le hemos hecho.  Dios es merecedor de toda honra y gloria.  Él actúa en su tiempo, no en el nuestro y escucha nuestra oración.  Especialmente, cuando parece que ya no soportamos nuestra culpa, Dios perdona nuestro pecado.  Él siempre está ahí.

El salmista declara: “Bienaventurado el que tú escogieres y atrajeres a ti, para que habite en tus atrios; seremos saciados del bien de tu casa, de tu santo templo.”  O en otras palabras, como dice la versión Dios Habla Hoy: “Feliz el hombre a quien escoges y lo llevas a vivir cerca de ti, en las habitaciones de tu templo.  ¡Que seamos colmados con lo mejor de tu casa, con la santidad de tu templo!”  Los escogidos que se refiere este salmo no son los de la descendencia de Aaron ó los de la tribu de Leví, sino a aquellos que Dios escoge para estar en los atrios de su casa.  Los que vivían en Jerusalén podían ir con la frecuencia que desearan al templo, y no solamente tenían la bendición de la experiencia pero también tenían las bendiciones que Dios les da a aquellos que devotamente lo adoran.  En nuestra época, los ministros y pastores tienen la bendición de ir con frecuencia a la casa de Dios a servirle.  No solamente a los servicios, sino a utilizar diariamente las facilidades que se han separado y consagrado para el servicio de Dios.  Sabemos que Dios no se limita a un lugar físico, que no solamente está en la iglesia, pero son felices aquellos que tienen la bendición de poder servirle en el edificio que ha sido separado para él.

En este salmo, a Dios se le alaba por sus cualidades morales: él que escucha la oración, el que perdona el pecado, el que bendice a los que van a los atrios de su casa y como el que libra  a su pueblo de sus enemigos.  Ahora se procede a alabarlo por su poder y majestad en la naturaleza.  Solamente hay que mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta que Dios esta en todo y es por todo.  Si tenemos los ojos en el sitio correcto, se puede observar a nuestro alrededor y ver el poder y señorío de Dios en acción.  Aún en los campos que dan cosecha, vemos a Dios interviniendo a nuestro favor.

En resumen, Dios es digno de alabanza.  Debemos entender que sus caminos ni sus pensamientos son los nuestros y que él actúa conforme a su plan.  Nosotros solamente podemos tratar de entender hacia donde él se está moviendo y buscar ser parte de su obra aquí en la Tierra.  Lo otro que podemos hacer es alabar y glorificar su nombre porque él es bueno y misericordioso y siempre actúa a nuestro favor.  ¡Dios, gracias te doy por el privilegio de servirte en tu casa y por nunca haber abandonado ni a mi, ni a los míos, ni a tu pueblo!  ¡Aún en medio del dolor tu eres digno de toda adoración! ¡Aleluya!

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