Salmo 73: Dios es bueno

“Ciertamente es bueno Dios para con Israel, para con los limpios de corazón.”  Dios es ciertamente bueno, no solo con Israel sino también con todos nosotros.  De eso no hay la menor duda.  Aquellos que genuinamente buscan de Dios y tienen limpio su corazón se van a encontrar con un Dios que desea hacerles bien y actuar a su favor.  Nuestra labor es mantener fija nuestra mirada en él.  No mirar lo que otros hacen o tienen sino ver lo que Dios nos ofrece y nos da.  No en cosas materiales sino en las cosas que tienen significado eterno, transforman y son una antesala de nuestra vida en la eternidad.

De la misma manera que al salmista, cuando uno ve que un impío le va bien, nuestro corazón lucha con la idea porque uno esperaría que los buenos avancen y que los malos fueran castigados.  Por eso nos turba el ver que los malos viven sin ninguna preocupación.  De momento parece envidiable su vida y su posición.  Tenemos que aprender rápidamente  que sólo a la luz de la eternidad es que la vida piadosa siempre será mas gratificante.

El salmista nos advierte que si miramos a nuestro alrededor, en vez de mirar todo el tiempo hacia arriba,  podrían surgir pensamientos de que en  vano servimos al Señor, en vano lo hemos buscado.  Pero cuando vamos al santuario de Dios, y buscamos su rostro en medio de su pueblo, nos damos cuentas de que los malos ya están condenados por toda la eternidad.  No solo eso, sino que Dios siempre ha estado en mi lado y nunca me ha abandonado. “Con todo, yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha.  Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria.”  Esto es un asunto de eternidad, mi recompensa no es una terrenal que se daña y corrompe sino una eternal que nunca se va a dañar o destruir.  Al fin y al cabo, nuestro anhelo es Dios, el estar delante de su presencia, el gozar de su comunión por toda la eternidad.  “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?  Y fuera de ti nada deseo en la tierra.”  Cuando mi corazón desfallezca, tengo que estar seguro que mi mente está en la roca y refugio eterno.  Por eso es que sé que “el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas tus obras.”  ¡Mi roca, mi refugio, mi Dios, mi Señor y mi Salvador!

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