Salmo 74: No te olvides de tu pueblo

El uno ver su ciudad y su centro de adoración destruido debe ser algo desconcertante y sin consuelo.  El haber pensado por siglos, que el pueblo está bajo la protección de Dios y ver cómo en esta ocasión hasta su templo fue consumido en llamas tiene que poner a pensar a uno.  En esas circunstancias lo único que le queda a uno por hacer es recordar el pasado.  Pensar en todas la veces que Dios actuó a nuestro favor.  Recordar cómo era nuestra vida anterior de esclavitud, cómo nos rescató de ella, de que manera nos salvó de nuestros enemigos  y nos guió por el desierto.  Hay que recordar como nos salvó y abrió el mar, cómo nos guió en el desierto, de la manera que nos dio agua y nos alimentó.  Es importante recordar porque de esa manera nuestra fe aumenta y podemos regresar al trono de su gracia y esperar un milagro.

En el caso de Israel, todo eso le pasó en castigo de sus pecados, pero en nuestro caso no necesariamente siempre es así.  Nuestro pecado en ocasiones trae consecuencias en ésta tierra pero en muchas ocasiones las calamidades que nos suceden no tienen nada que ver con eso.  Estamos en un mundo caído, dañado y desfigurado por el pecado y hasta que Dios no establezca su reino y establezca los cielos y la tierra nueva, cosas malas le sucederán a gente buena.  Siempre habrá momentos difíciles para nosotros en este mundo caído y solamente recordando lo que Dios ha hecho por nosotros es que nuestra fe se fortalecerá y podremos pasar a través de ellos.  No es que en esos momentos no vayamos a ser preguntas fuertes tales cómo la del salmista, “¿Por qué, oh Dios, nos has desechado para siempre?  ¿Por qué se ha encendido tu furor contra las ovejas de tu prado? . . . ¿Hasta cuándo, oh Dios, nos afrentará el angustiador?  ¿Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente tu nombre?  ¿Por qué retraes tu mano?  ¿Por qué escondes tu diestra en tu seno?”  Pero de la misma manera que hacemos las preguntas, debemos responder “Pero Dios es mi rey desde tiempo antiguo; el que obra salvación en medio de la tierra.”

Acuérdate de mi, Señor en medio de mi angustia, no me dejes con mis dudas sino que responde y actúa a mi favor.  Necesito que protejas a mi familia y a mi, que nos cuides y nos guardes y que nunca te alejes de nuestro lado, Dios eterno.  Te alabaré porque tu eres mi roca y mi refugio, el Dios de mi salvación.

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