Salmo 76: El Dios de la victoria

“Dios es conocido en Judá . . .”  ¿Podemos decir nosotros lo mismo?  ¿Conocen hoy en día los cristianos a Dios?  El decir que uno es cristiano, se puede convertir en una marca, en un emblema, un tatuaje que tal vez cuando se hizo significaba algo pero al pasar el tiempo puede perder su significado y su verdadero sentido.  El cristiano tiene que conocer a Dios y en su casa y en su iglesia local tienen que conocerlo bien.  El pueblo de Israel en ciertos momentos de su historia respetaron el nombre de Jehová y cuando lo hicieron sabían muy bien en donde estaba su templo y su casa.  ¿Lo sabemos nosotros?  Hoy en día Dios habita en el corazón de todo aquel que cree.  Su reino se establece en los corazones de los creyentes y nuestros cuerpos se convierten en templo de Dios.  Ese es el Dios que conocemos y le servimos.

No solo sabemos en donde está sino que también conocemos sus proezas y sabemos que es el vencedor y que más vale que todos lo respeten.  “¿Y quién podrá estar en pie delante de ti cuando se encienda tu ira?”  A Dios tenemos que tomarlo en serio.  Este no es un asunto de tenerle miedo sino es un asunto de saber que siempre estamos delante del Dios Omnipotente, Omnipresente y Omnisciente.  Por eso si alguno le hace una promesa a Dios tiene que cumplirla. “Prometed, y pagad a Jehová vuestro Dios; todos los que están alrededor de él, traigan ofrendas al Temible.”  En otra versión nos dice: “Háganle promesas al SEÑOR su Dios y cúmplanlas.  Todos los que están alrededor de él, traigan ofrendas al Temible.(PDT)”  No es que Dios nos castigue cinco minutos después de haberle fallado sino que solamente podemos experimentar la bendición total de Dios en nuestras vidas si estamos en el centro de su voluntad.  El meollo no esta en desear estar allí sino el actualmente movernos y vivir siempre en ese lugar que es el centro de su voluntad perfecta.

Tenemos que ver siempre a Dios como el que es el vencedor.  Tener una vida victoriosa en esta tierra depende por completo si estamos del lado de Dios.  No de boca sino de hechos y acciones.  En otras palabras, tenemos que verdaderamente conocer a Dios y actuar conforme a sus enseñanzas y designios.  Así podremos ser testigos de su poder y ver cómo siempre actúa a nuestro favor.  ¡ A él sea la gloria por los siglos de los siglos!  ¡Amén!

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