Salmo 78: Fidelidad de Dios hacia un pueblo infiel

Dios es un dios increíble.  Lento para la ira y grande en misericordia.  No hay ser humano que tenga la paciencia de Dios.  No hay nadie que sea tan fiel.  ¿Podremos esperar hacia nosotros la misma fidelidad que Dios le mostró a Israel?  ¡Claro que sí!  Es el mismo Dios, no cambia, es inmutable y por lo tanto es parte de su naturaleza el ser fiel a pesar de nosotros no serlo.  Comparado con lo que él da, es tan poco lo que él pide, que nosotros en agradecimiento deberíamos serle siempre fieles.  ¡A él sea la gloria por su fidelidad y misericordia!

Tenemos que aprender a escuchar y recordar. Tenemos que escuchar, no solamente las palabras de vida que salen de su boca sino todo lo que Dios nos quiere enseñar.  Esto es así porque lo que aprendamos tenemos que enseñárselo a otros de tal forma y manera que los que nos escuchen aprendan a poner su confianza en Dios, “A fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios”.  Tenemos una responsabilidad con nuestros hijos y los hijos de ellos para que crezcan creyendo y confiando en Dios.  Por eso es que recordamos, para que la fe aumente.  Nosotros no solamente debemos de contar las proezas de Dios en la Biblia sino también lo que Dios ha hecho por nosotros cada vez que actuó a nuestro favor.  ¿Tienes algo que puedas contar a hijos y nietos de lo que Dios ha hecho por ti?  Nunca se me debe olvidar de dónde me sacó y hacia dónde me llevó.  Nuestra vida cambiada y transformada es la mejor historia que podemos relatar.

Estos versos son interesantes: “Pues tentaron a Dios en su corazón, pidiendo comida a su gusto.  Y hablaron contra Dios, diciendo: ¿Podrá poner mesa en el desierto?  He aquí ha herido la peña, y brotaron aguas, y torrentes inundaron la tierra; ¿Podrá dar también pan? ¿Dispondrá carne para su pueblo?”  Esto me recuerda durante la tentación de Jesús que Satanás le dice que se lance del punto más alto del templo porque ángeles lo salvarían y Jesús le contesta que, “No tentarás al Señor tu Dios.”   No podemos ponernos en situaciones difíciles para forzar la mano de Dios ni tampoco podemos exigirle a Dios de que tiene que actuar de cierta manera.  Dios actúa como quiere y nosotros sólo podemos vivir agradecidos a él.

Yo no quiero vivir mi vida cómo la vivía Israel.  “Si los hacía morir, entonces buscaban a Dios; entonces se volvían solícitos en busca suya, y se acordaban de que Dios era su refugio, y el Dios Altísimo su redentor.”  Yo no quiero que me pasen cosas malas para buscar de Dios.  Yo deseo en medio de la bendición, en medio de los buenos tiempos estar inclinado hacia Dios y que él sea el Señor de mi vida.  Deseo serle en las buenas y en las malas fiel a Dios.  ¡Ayúdame Señor!

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