Salmo 79: Dios no abandona a su pueblo

¿Cómo es posible que un desastre nacional pueda convertirse en una declaración de que Dios no nos abandona?  El salmo comienza diciéndonos que Jerusalén ha sido destruida, el templo de Dios profanado, pero el salmista termina diciendo: “Y nosotros, pueblo tuyo, y ovejas de tu prado, te alabaremos para siempre; de generación en generación cantaremos tus alabanzas.”  ¿Alguien puede explicar eso?  Se le pregunta a Dios: “¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿Estarás airado para siempre?  ¿Arderá como fuego tu celo?”.  Creemos que Dios es bueno, que para siempre es su misericordia, que está lleno de bondad y que nos da muchas oportunidades para que nos acerquemos a él.  Todo esto es cierto pero también lo es que es un dios celoso, fuego consumidor, que odia el pecado aunque ama al pecador y por eso, si tiene que castigarnos, lo hace, para que nos volvamos a él.

Dios no se ha olvidado de su pueblo y no se ha olvidado de su ciudad, pero el desea ser el único dios que adoremos y le rindamos culto.  El salmista le pide ayuda a Dios pero lo hace en la actitud correcta: “Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; y líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre.”  Le pide perdón a Dios a nombre del pueblo pero a la misma vez le pide que intervenga para que los pueblos que lo rodean sepan que él es el Dios de Israel.

En nuestros tiempo por muchas razones lo único que queremos hablar es de un Dios de amor y misericordia.  Cualquiera que mencione otra cosa rápidamente lo acusan de fanático, de meter miedo, de no conocer a Dios.  Yo creo que Dios es uno de amor pero que también es fuego consumidor.  Dios no dudaría, como si el fuera capaz de hacerlo, en permitir que el diablo nos sacuda, con el propósito final de que podamos acercarnos a él.  Él se interesa por nuestra eternidad, y sus acciones siempre son para que lo conozcamos mejor y le adoremos.  Permitir un desastre nacional, si al final va a resultar en que su pueblo se humille y le busque, está en lo posible.  El Dios que creó los cielos, también hizo el infierno y el lago de fuego.  Busquemos de Dios antes de que sea demasiado tarde y recordemos siempre que el nunca abandona a su pueblo.  ¡Señor, nunca me dejes y permite que siempre sea sensible a ti y a tus cosas sin necesidad de una calamidad!

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