Salmo 82: Dios es el Juez supremo

“Dios está en la reunión de los dioses; en medio de los dioses juzga.”  A los seres humanos les gusta parecerse a los dioses.  Nosotros queremos hacer lo que bien nos venga en ganas.  En este salmo cuando se habla de los dioses se refiere a los jueces, a aquellos que tienen autoridad y que juzgan.  Estos jueces se establecen como dioses en las áreas que ellos juzgan.  Ellos se creen que tienen todo el poder y la autoridad.  El problema es cuando estos jueces se atreven a desafiar a Dios.  No realizan que su autoridad al fin de cuentas viene de Dios porque él los tolera en la posición donde ellos se encuentran.  Por eso es que el salmista les dice: “Pero como hombres moriréis, y como cualquiera de los príncipes caeréis.”   La tumba va demostrar que no son dioses y que sus pretensiones eran completamente falsas.

Cuando Jesús fue acusado de blasfemar por haber declarado que era el Hijo de Dios, él refirió a sus acusadores a este salmo:  “Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois?  Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy? (Juan:10:34-36)”  Si las escrituras pueden usar un lenguaje tan exaltado al hablar de personas pecadoras, ¿no sería posible que un hombre perfecto fuera el propio Hijo de Dios?

Si yo fuera juez, debo de entender que Dios me ha llamado a, “Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso.  Librad al afligido y al necesitado; libradlo de mano de los impíos.”  ¡Qué gran responsabilidad!  Si le temo a Dios, no debo de juzgar injustamente, ni aceptar ningún tipo de soborno, ni favorecer al poderoso sobre el humilde simplemente porque es poderoso.

Nosotros, también en cierto momentos, juzgamos a otros, llegamos a conclusiones y en nuestra mente adjudicamos situaciones.  Si lo vamos hacer, tengamos cuidado de siempre hacerlo justamente y nunca dar opiniones sin tener primeramente todos los hechos a nuestra disposición.  Tal vez, ésta es una de la mayores tentaciones de nuestros tiempos.  ¡Señor, ayúdame a ser justo cuando sea necesario que haga juicio de una situación!

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