Salmo 83: Dios, no guardes silencio

“Oh Dios, no guardes silencio; no calles, oh Dios, ni te estés quieto.”  ¿Cuántas veces hemos buscado a Dios y parece que no responde?  ¿En cuántas ocasiones deseamos oírlo y por más que nos esforzamos, no escuchamos nada?  ¿Y qué cuando queremos verlo en acción y sin embargo, nos parece que está quieto?  No es muy difícil identificarse con el salmista.  A veces hemos pecado, nos alejamos de Dios y nos creemos que podemos mantener la misma relación sin antes ir y pedir perdón.  En esas ocasiones se entiende, pero ¿qué cuando no nos encontramos en falta?  Esas son las ocasiones que sentimos el decir “no guardes silencio; no calles . . . ni te estés quieto”.

El salmista desea la intervención de Dios y quiere que ésta sea una decisiva para que los enemigos sean derrotados. El salmista quiere que, “Sean afrentados y turbados para siempre; sean deshonrados, y perezcan.”  ¿Quién dice que no pediría lo mismo?  Sabemos que hay que amar a los enemigos pero entendemos que es más fácil amarlos cuando están derrotados.  ¿Es eso conforme al corazón de Dios?  Parece que la intención del salmista no es solamente ver a los enemigos destruidos sino que también él desea que ellos cambien de actitud.  “Llena sus rostros de vergüenza, y busquen tu nombre, oh Jehová . . . Y conozcan que tu nombre es Jehová; tú solo Altísimo sobre toda la tierra.”  Hay una preocupación de que los enemigos de Dios piensen que pueden hacer lo que quieran porque Dios no responde.  El salmista sabe que Dios existe, oye y actúa pero su preocupación es que otros lo sepan para que actúen conforme a la majestad y poderío de Dios.  Es una preocupación por proteger el buen nombre de Dios, pero claro está su pueblo se va a beneficiar de ello cuando los enemigos de Dios sean destruidos.

Yo quiero que Dios intervenga en las muchas situaciones que afectan la iglesia y el pueblo de Dios.  Deseo que todo el mundo sepa que él es Dios y no hay nada más fuera de él.  No deseo que guarde silencio y se esté quieto pero mi oración es que si esa es la voluntad de Dios, que me de la paciencia para esperar en él y la sabiduría para notar la diferencia.

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