Salmo 86: Me pongo en tus manos

“Inclina, oh Jehová, tu oído, y escúchame . . .”  Al leer estas palabras de David nos viene inmediatamente una imagen de un hombre anciano inclinándose para escucharlo.  No es que Dios tenga forma de anciano, eso son nuestros antropomorfismos para entenderlo, sino que nos imaginamos a Dios tan ocupados con las cosas del correr el universo que nos gustaría que por unos instantes nos prestara atención a nosotros y nos escuche.  En realidad, Dios siempre está ahí, siempre nos escucha y nos presta atención.  Somos sus hijos, su nueva creación, lavados por la sangre preciosa de Cristo y justificados delante de su presencia.  Él nos escucha pero definitivamente nos gustaría ese toque personal porque al sentirnos muy pobres y necesitados, nos gustaría una confirmación de que tenemos su atención.

Le decimos con el salmista a Dios, “Guarda mi alma, porque soy piadoso; salva tú, oh Dios mío, a tu siervo que en ti confía.”  Le pedimos su protección porque le somos fieles y confiamos en él.  Deseamos su compasión y continuamente nos dirigimos a él en oración.  ¡Cómo nos gustaría tener una conversación con él que envolviera un intercambio instantáneo!  El hecho es que es posible si somos consistentes en nuestra vida espiritual buscando estar en una comunión intima con él a lo largo de nuestro diario vivir.

Dios es, “ . . . bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan.”  Esto nunca se nos debe olvidar.  No solo nosotros sino que él desea que tengamos una relación activa y personal con él.  Por eso es que nos ponemos en sus manos.  Porque Dios es “grande y hacedor de maravillas”.  Sólo él es Dios.  De ahí es que viene la petición de que “Enséñame, oh Jehová, tu camino; caminaré yo en tu verdad; afirma mi corazón para que tema tu nombre.”  Estoy convencido de que la gran mayoría de nosotros, eso es lo que desea, andar en sus caminos en el temor a Jehová.  No en un temor como el del mundo sino el temor que hace que me consagre a Dios con todo mi corazón para que le pueda honrar como es debido.

Este salmo me enseña que al acercarme a Dios debe hacerlo sin agendas preconcebidas sino con mi copa vacía para que Dios la llene como el que está pobre y necesitado.  Tengo que estar comprometido como aquél que está totalmente comprometido a Dios y puede acercarse confiadamente a su presencia.  También tengo que ser persistente en mis oraciones y levantar mi vida ante su presencia para que el haga con ella lo que él desee.  Si lo hago así, él me escuchará y me responderá conforme a sus riquezas en gloria.  ¡Amén!

Leave a comment

Filed under Salmos

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s