Salmo 88: Señor, ¿por qué me desprecias?

Este es uno de los salmos más tristes que he leído.  Luego de, “Oh Jehová, Dios de mi salvación . . .” , lo que sigue son quejas llegando a un punto de estar muy cerca de faltarle el respeto a Dios.  El tono del salmo se parece mucho al tono de Job, donde las quejas son personales y parecen que se ha sufrido por mucho tiempo.  El salmo termina con una lamentación donde no se ve la esperanza en ninguna parte pero el primer verso nos indica que no se aleja de Dios sino que continua pidiendo y esperando en él.

Si el salmista se puede acercar a Dios de esa manera, ¿por qué nosotros no podemos hacer lo mismo?  Cuándo nos abruma la desesperación, aunque tenemos un poco de fe y esperanza pero nos sentimos abandonados y desamparados, es mejor acercarse a Dios con la verdad de lo que sentimos y entregarnos a su misericordia.  Yo puedo hacer lo mismo que el salmista, hay una línea que no podemos pasar, pero para nuestro bien espiritual mejor es acercarnos a Dios con el corazón sincero, presentarle nuestras dudas, quejas y pesares, apenas confiando de que vamos a recibir respuesta pero pidiéndole que nos oiga.

A veces la fe se muestra, no en un canto de adoración y alabanza en medio de la tribulación, sino en una queja a Dios que muestra que creemos que existe, que puede escuchar y que esperaremos en él.  Por eso es que le decimos “Dios de nuestra salvación”.  ¡Señor, no importa lo que pase, eso es lo que tú eres, Dios de mi salvación y por eso en ti esperaré!

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