Salmo 96: Una canción nueva al Señor

“Cantad a Jehová cántico nuevo”, ¿por qué cantar al Señor una nueva canción?  Todas las naciones son invitadas a unirse en una alabanza gloriosa.  El término “nueva” probablemente se refiera a fresca ó debido a nuevas misericordias.  Eso no significa que no se puede usar las misma canciones o palabras en nuestra adoración sino que, salgan de nuestro corazón como una expresión nueva sobre nuestro Dios y lo que ha hecho.

El pueblo de Dios está en su mejor momento cuando su alabanza es robusta, entusiasta y su testimonio es claro y contagioso.  Pero en ocasiones, no alabamos con gozo, somos mecánicos, queremos fabricar lo que se supone que venga de un corazón agradecido y finalmente en vez de adorar lo que hacemos es un espectáculo y no damos al mundo testimonio de lo que Dios ha hecho por nosotros.  Este salmo es un claro llamado a esas dos cosas: adorar y testificar.

La frase “a Jehová”, nos recuerda que nuestra adoración tiene que estar dirigida a Dios.  Eso debería ser obvio, pero es necesario que se nos lo recuerde porque tenemos la tendencia a desviar el foco de nuestra adoración a nosotros mismos.  Podemos fácilmente caer en la trampa de ser consumidores religiosos que asistimos a los servicios donde algo se tiene que hacer para que nosotros nos sintamos bien durante “el culto” en vez de venir con la idea de que somos responsables de hacer algo para Dios.

El salmista nos da ciertos elementos de esa adoración que él desea para Dios.  Nos habla de que la adoración es una obligación de todos, aún para aquellos que no tienen esa obligación porque no han conocido a Dios.  Tiene que ser una adoración abierta y con gozo.  Se nos dice que cantemos, pero como una expresión de lo que hay en nuestro corazón y que sale a nuestra boca.  También se nos habla de que sea pública, “venid a sus atrios”.  La adoración en privado es necesaria pero no puede reemplazar la adoración pública.  Los últimos elementos que se ven son que adoramos su santidad y lo hacemos reverentemente. “Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad; temed delante de él, toda la tierra.”  Si pensáramos, meditáramos y realizáramos quien es Dios no sería difícil adorarlo con el respeto y admiración que él se merece.

Toda esta adoración está mezclada con la idea de dar testimonio o ser testigos.  El salmista nos dice: “Anunciad de día en día su salvación.  Proclamad entre las naciones su gloria . . .”  ¿Qué es lo que tenemos que proclamar?  Las buenas nuevas de salvación.  Diariamente debemos proclamar lo que Dios ha hecho por nosotros.  Tenemos que proclamar sus maravillas, no solamente las que leemos en las escrituras, sino también las que él ha hecho por nosotros.  En mi caso, cuando me sanó, cuando me llenó por primera vez de su Espíritu, cuando ha traído vidas por la predicación que me ha dado y otras cosas que son muchas para mencionarlas todas en este espacio.  ¡Él es el Dios de maravillas!  Pero la maravilla más grande hecha por Dios es nuestra salvación como resultado de su gracia.  Dios hizo paz conmigo a través de su hijo Jesucristo.  No hay una maravilla más grande.  De esto es lo que tenemos que ser testigos.  El salmista dice: “Decid entre las naciones: Jehová reina.  También afirmó el mundo, no será conmovido; juzgará a los pueblos en justicia.”  Descanso en paz porque se que Dios tiene todo bajo su control.

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