Salmos 98 y 99: Dios nos salva, no hay otro como él

Si hay un tema que vemos vez tras vez en las Escrituras es que Dios nos salva, no solamente de un destino eterno de condenación, sino que también nos salva aquí en la tierra.  Está en la naturaleza de Dios actuar a favor de su pueblo.  Ese actuar incluye el salvarnos de nuestros enemigos y protegernos del mal.  Pero cuando Dios actúa no lo hace a escondidas.  Dios actúa a la vista de todos, ya sea actuando a favor de su pueblo o cuando actúa con una persona.  “Jehová ha hecho notoria su salvación; a vista de las naciones ha descubierto su justicia.  Se ha acordado de su misericordia y de su verdad para con la casa de Israel; todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios.”  Todos los pueblos que rodeaban a Israel eran testigos de la gran obra que Dios había hecho para salvarlos.  De la misma forma, cuando venimos a él y somos salvos, nuestra forma de ser y comportarnos cambia sirviendo de testimonio a la salvación que proviene de Dios.

Como es una salvación pública, debemos celebrarla públicamente.  El salmo nos exhorta a, “Cantad alegres a Jehová, toda la tierra; levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos.  Cantad salmos a Jehová con arpa; con arpa y voz de cántico.  Aclamad con trompetas y sonidos de bocina, delante del rey Jehová.”  Esto es una celebración pública.  En los tiempos bíblicos, las fiestas religiosas era motivos de gran celebración y gozo.  Había música, danza, celebración y fiesta porque se conmemoraba con gozo lo que Dios había hecho por su pueblo.  ¿Cómo serían las celebraciones hoy en día?  De muchas formas, pero de algo estoy seguro, que siempre habría quien las criticaría.  Dejemos que el Espíritu se mueva en nosotros y que cada cual celebre como desee siempre y cuando Dios se lleve toda la gloria por lo que él ha hecho.

El hecho de que Dios salva implica también juicio.  Se nos asegura que no hay nada que temer porque Dios actuará con rectitud y justicia. “Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud.”  Por eso es que es mejor estar al lado de Dios.  Él me salvó, por eso no he de temer cuando Dios pase juicio sobre los pueblos y las naciones.

El otro salmo nos habla de cómo la santidad y la grandeza de Dios se debe traducir en adoración y temor (respeto) a Dios.  “Jehová reina; temblarán los pueblos.  El está sentado sobre los querubines, se conmoverá la tierra . . . Alaben tu nombre grande y temible; el es santo . . . Exaltad a Jehová nuestro Dios, y postraos ante el estrado de sus pies; él es santo.”  Lo he dicho y lo he pensado vez tras vez, Dios es mi amigo, pero Dios es santo y todopoderoso.  Esto me mueve a la adoración, pero no a una adoración chabacana sino a una que demuestre mi respeto y admiración.  Él es santo y yo no lo soy en el mismo sentido de esa palabra, sino que yo soy hecho santo por mi relación con Cristo.  Eso no implica que soy santo como Dios sino que he sido hecho santo por él.  Debo de acercarme a él confiado pero con respeto y admiración.  De la misma manera lo debo de adorar por su santidad y grandeza.

El salmista concluye con la idea de que Dios responde a los que le invocan.  “Moisés y Aarón entre sus sacerdotes, y Samuel entre los que invocaron su nombre; invocaban a Jehová, y él les respondía . . . Jehová Dios nuestro, tú les respondías; les fuiste un Dios perdonador, y retribuidor de sus obras.”  ¡Señor, a ti te busco, responde a mis peticiones!  ¡Qué sean para tu gloria y honra! ¡Amén!

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