Salmos 100 y 101: Promesa de vivir rectamente

Hay amistades que son buenas para uno pero hay otras que no lo son.  Algunas a uno lo edifican pero hay otras que lo que hacen es derribarnos.  Esto es más cierto cuando uno tiene posiciones de influencia.  A través de los años he visto como la política crea las alianzas más extrañas.  Un político tiene que trabajar y colaborar con gente de diferentes grupos, ya sea que le guste o no.  Pero David, el rey ungido de Dios, político, se compromete a mantenerse libre de todas las alianzas dudosas.  “Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo; el que ande en el camino de la perfección, éste me servirá. No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; el que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos.”  Él desea una administración limpia, una que no solo lo sea pero que también lo aparente.  Él desea servir adecuadamente a Dios y sabe que cualquier indicio de alianza con el impío no es conveniente ni para su reino, ni para honrar a Dios.

Esto es algo que no se debe olvidar.  Jamás el fin justifica a los medios.  Hacer alianzas humanas dudosas resultan en nosotros inconscientemente declarar que no confiamos en Dios y que debemos buscar ayuda del hombre sin importar de donde venga.  Eso no lo quiere Dios.  Tenemos que orar para que Dios nos dé la fe y confianza de creer que él está en control aún en medio de las situaciones de mayor dificultad.  Debemos entregarnos a sus brazos y dejarnos dirigir por el Espíritu Santo para hacer lo que es correcto y dentro de su voluntad, y no para hacer lo que nuestra mente carnal en ocasiones desea que hagamos.  Me declaro a favor de Dios y voy a depositar mi carga en él y a confiar.

Tengo que estar agradecido por todo lo que él hace por mí.  El salmista me exhorta: “Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre.”  El pueblo iba a la casa de Dios a darle gracias por lo que él ha hecho.  ¿Cuántos hacemos lo mismo cada vez que nos acercamos a su casa a adorarle?  He sido culpable de ir a su casa a solamente pedir y quejarme cuando en realidad nunca se me debe olvidar lo que ha hecho por mí.  EN ocasiones, el trabajo ministerial se vuelve una carga cuando en realidad sus escrituras me exhortan a “Servid a Jehová con alegría; venid ante su presencia con regocijo.”  No es que sea pecado los momentos en que me encuentro triste y decaído, sino que uno le sirve a Dios con alegría y si uno no se siente así, debe de analizar y buscar lo que le está pasando.  Recordar lo que él ha hecho, me llena de gozo, y cuando no lo hace, es un indicio de que tengo que examinar mi vida, buscar más de él y dejar que él sea mi consolador y mi restaurador.  “Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones.”  ¡Amén!

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