Salmo 109: Clamor de venganza

Es sorprendente que este salmo este aquí.  No desde el punto de vista del ser humano, nosotros siempre queremos venganza, sino desde el punto de vista de porque Dios permitió que fuera parte de sus escrituras.  Vez tras vez, en los salmos, vemos de las expresiones mas puras de los sentimientos de la humanidad. Vemos desde amor, hasta odio y deseo de venganza.  Me parece que la idea es que nosotros nos acercamos a Dios, tal y cómo somos y por eso es que Dios permite aún las expresiones de nuestro deseo de venganza.  Expresiones tales: “Sean sus días pocos; tome otro su oficio.  Sean sus hijos huérfanos, y su mujer viuda.  Anden sus hijos vagabundos, y mendiguen; y procuren su pan lejos de sus desolados hogares.  Que el acreedor se apodere de todo lo que tiene, y extraños saqueen su trabajo.”,son sorprendentes. No suena muy amoroso, ¿verdad?  Aunque suene feo, a quien se le pide la venganza es a Dios, no es que el salmista se va a ir y a vengarse personalmente.

En ocasiones me gustaría que Dios hiciera justicia a algunas personas en esta tierra.  No tanto como desolar sus hogares, pero que por lo menos se den cuenta de que algo malo que les pasa se debe como retribución a algo malo que hicieron.  Por eso es que la filosofía oriental para algunos es atractiva por que habla de Karma, el concepto de acción ó obra que tiene causa y efecto, acción y reacción, que según ellos, gobierna toda la vida.  Pero Jesús nos llama a algo más grande que eso, nos pide que reaccionemos con bien para aquellos que nos hacen mal, que pongamos la otra mejilla, que caminemos la milla extra y que amemos a nuestros enemigos.  El salmo esta lejos de eso porque todavía la revelación de Jesús no había acontecido para la humanidad.  Sin embargo, hay partes que con sus expresiones nos podemos identificar mas fácilmente, “Y tú, Jehová, Señor mío, favoréceme por amor de tu nombre; líbrame, porque tu misericordia es buena . . . Ayúdame, Jehová Dios mío; sálvame conforme a tu misericordia . . . Yo alabaré a Jehová en gran manera con mi boca, y en medio de muchos le alabaré.”

Señor, me cerco a ti con humildad a pedirte que seas conmigo y me guardes de aquellos que me quieren hacer el mal.  Tuyo siempre será el poder y la gloria y la autoridad por todos los siglos.  Tu eres, al fin de cuentas, el que nos dices que no nos venguemos a nosotros mismos, sino que dejemos lugar a tu ira porque “Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.”

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