Salmos 112 y 113: Dios bendice a la gente buena

“¡Aleluya!  Qué afortunado es el que teme al SEÑOR y le gusta mucho hacer lo que él manda. (PDT)”  Verdaderamente que es feliz la persona que honra al Señor y que se complace en sus mandatos.  Esa persona va a prosperar, “Sus descendientes serán poderosos.  Los que viven con honestidad serán bendecidos.(PDT)”  Esa bendición no es necesariamente financiera, aunque puede serlo (“Su casa estará llena de riquezas y bienestar”), sino bendiciones en justicia y en amor. El salmista añade características de esa gente buena y generosa, “El hombre de bien presta con generosidad y maneja con honradez sus negocios . . . (DHH)”  ¿Cuándo fue la última vez que prestamos con generosidad?  ¿Son todos nuestros negocios limpios?  Prestar es difícil, prestar sin intereses es aún más.  Sin embargo, ¿deseas ser bien recordado y nunca fracasar?  “La gente buena jamás fracasa; siempre se le recuerda con cariño. (TLA)”

Este primer salmo, como que va en contra de nuestras reacciones más básicas.  Aunque le temamos al Señor, en realidad nos es difícil hacer lo que él manda.  No nos gusta que nadie nos diga que tenemos que hacer.  Las escrituras lo hacen y por lo tanto eso nos da problemas.  Si le añadimos lo de prestar y actuar siempre honradamente en nuestros negocios, se nos complica.  Todo el que realmente ha conocido verdaderamente a Dios, lo respeta pero cuando esa obediencia y respeto nos toca el bolsillo, se pone mas difícil la cosa.  ¿Hasta cuando vamos a desconfiar?  El pueblo israelita caminó por el desierto y sólo recibía el “maná” del día.  El pueblo tenía que confiar que al otro día iba a volver haber nuevamente comida.  ¿Podríamos caminar así en fe?  Lo estoy intentando, pero que difícil es en ocasiones.

Comenzando con este segundo salmo, vienen seis salmos que se cantaban tradicionalmente durante la cena de la Pascua, los primeros dos antes de la comida, los otros cuatro después.  Estos fueron probablemente los últimos salmos que Jesús cantó con sus discípulos antes de morir.  ¿Podemos oírlo cantando, “Alabad, siervos de Jehová, alabad el nombre de Jehová.”  ¿Cantarías tú sabiendo que unas horas mas tarde vas a morir?  Jesús probablemente lo hizo, aseverando que no hay nadie como Dios, “¿Quién como Jehová nuestro Dios, que se sienta en las alturas, que se humilla a mirar en el cielo y en la tierra?”  Obediente hasta el final y declarando las bondades de Dios.  Yo quiero seguir su ejemplo en mi vida.  Yo quiero declarar que no hay nadie como el Señor, que levanta al pobre, y es bondadoso para con nosotros.  ¡Aleluya!

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