Salmo 115: Dios y los ídolos

Siempre he tenido la impresión de que el tema de los ídolos es uno incendiario en el Antiguo Testamento.  Es claro que Dios no desea que su pueblo tenga ni sirva a otros dioses y vez tras ves es claro que los israelitas fallaron en eso.  Desde los ídolos que se llevaron algunos de ellos al salir de Egipto, hasta los que se añadían según conquistaban y se mezclaban con los pueblos de la región, fue una lucha constante el erradicarlos.  Pero con el tiempo aprendieron, el destierro a Babilonia ayudó mucho en ello, y cantaban salmos al respecto.

La gente miraba a Israel buscando ídolos y no los hallaba, no había figuras que fueran representaciones de Dios.  No entendían que el Dios de Israel está en los cielos y no  en ninguna figura de oro ó plata.  “¿Por qué han de decir las gentes: ¿Dónde está ahora su Dios?  Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho.”  Al fin de cuentas, en las naciones que los rodeaban, “Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombres.”  Es asombroso, como una persona con sus propias manos, puede construir una figura y luego declarar que esa figura es un dios.  Estos dioses hechos por el hombre, “Tienen ojos, mas no ven; orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen; manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta.”

Para nosotros hoy en día nos parece incorrecto, de seguro que no entendemos su ignorancia y nos sentimos muy superiores a ellos, pero ¿lo somos?  Tal vez no lo hacemos de figuras humanas de oro y plata, pero definitivamente que ponemos nuestra confianza en esos metales preciosos.  El salmista exhorta a Israel que confíe en Jehová.  Cualquier otra cosa en la cual confiemos se puede convertir en nuestro ídolo.  Si mi confianza está en el dinero en el banco ó en lo que poseo, y pienso que me van a guardar de los embates de la vida, esas posesiones son mis ídolos y se convierten en mis dioses.  “Los que teméis a Jehová, confiad en Jehová; El es vuestra ayuda y vuestro escudo.”  Mi confianza tiene que estar puesta en Dios, no en lo que tengo.  Alabaré y bendeciré su nombre.  Él es mi escudo y fortaleza; no voy a tener a nadie porque él es mi salvación.

Esto es otra cosa que es lógica pero, ¡qué difícil es vivir conforme a eso!  No le puedo hablar a lo que tengo, no me puede escuchar, no puede moverse sin mi ayuda, y puede irse tan pronto como viene.  Por eso, mi confianza tiene que estar en Dios.  Él está en los cielos y se merece toda mi alabanza.  ¡Señor, no quiero otros dioses, te quiero a ti!  Permite, que esa verdad se afinque en mi corazón sin tener que pasar por la experiencia del destierro.  Gracias, Dios porque tu si ves, oyes y escuchas.  ¡Aleluya!

2 Comments

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2 responses to “Salmo 115: Dios y los ídolos

  1. José Santana

    Amén y Amén. Gloria a Dios.

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