Salmos 124 y 125: Nuestra ayuda viene del Señor

Algunos de nuestros problemas son como un pozo.  Uno cae en ellos pero con el tiempo uno sale.  Otros son como tierra movediza, cuanto uno más se mueve y trata de salir de ellos, más uno se hunde.  Si uno le da curso a un chisme, se puede ver uno envuelto en todo tipo de situaciones a medida que el chisme se desparrama.  Y si uno trata de detener el daño, más se empeoran la cosas.  Esto es lo que salmista nos dice con “Nuestra alma escapó cual ave del lazo de los cazadores; se rompió el lazo, y escapamos nosotros.”  El ave que quedó atrapada por el cuello con el lazo empeora su situación con cada tirón desesperado.  El ave no se puede soltar con su propio esfuerzo.  Pero David nos dice que en esta ocasión el lazo se ha roto milagrosamente, y el ave ha volado, libre una vez más.  Cuando uno escapa de ese modo, solo hay una persona a la cual dar gracias y ésta es Dios.

¿Cuántas veces en nuestras vidas podemos decir que esto nos ha pasado?  Hemos estado envuelto en situaciones bien difíciles, que parecen que no tienen solución, pero Dios en su misericordia rompió las cadenas que nos tenían atados y nos dio la libertad.  ¡No hay nada imposible para Dios!  Nuestros opresores piensan que nos tienen bajo su control, que no hay escapatoria, que sus planes maquiavélicos al fin van a trabajar, pero lo que no cuentan es con la intervención de Dios a nuestro favor.  Pienso que en ocasiones, mejor es invertir mi tiempo en BOA (Biblia, Oración y Ayuno) que en meditar en el problema y soluciones humanas.  Son muchas las veces que en esos momentos de búsqueda, ó Dios interviene ó muestra los pasos que tengo que tomar.  Yo me puedo unir a David y decir: “Nuestro socorro está en el nombre de Jehová, que hizo el cielo y la tierra.”

En el segundo salmo , todavía estamos en los salmos que se cantaban según se subía a Jerusalén, comienza diciéndonos: “Los que confían en Jehová son como el monte de Sion, que no se mueve, sino que permanece para siempre.  Como Jerusalén tiene montes alrededor de ella, así Jehová está alrededor de su pueblo desde ahora y para siempre.”  ¡Este era un corito de mi juventud!  El monte de la ciudad santa, no se mueve sino que siempre va a estar ahí.

Si somos hijos de Dios, si hemos sido adoptados, Dios siempre estará presente para cuidarnos y protegernos.  La clave está en que busquemos a Dios, que ocupe el trono de nuestra vida y nos alejemos del mal.  “Haz bien, oh Jehová, a los buenos, y a los que son rectos en su corazón.”  ¡Ayúdame Señor a ser recto en mi corazón!  Deseo siempre estar conciente de que en todo momento de mi vida, Dios estas presente para que me estimule a vivir una vida que de honra y gloria a mi Señor.

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