Salmos 133 y 134: La unidad entre hermanos

“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!”  Ésta es una gran verdad de las escrituras.  Los momentos que pasamos junto a los hermanos y hermanas en armonía en la casa del Señor, son de los mejores momentos de nuestra vida.  Estar con ellos en paz, apoyándonos unos a otros y buscando el bienestar de todos, son unos destellos de cómo será nuestro futuro en la eternidad.  La unidad es primordial entre los creyentes.  Debe ser uno de los distintivos de que servimos a Dios.  En medio de esa comunión y armonía, Dios envía bendición y vida eterna.

Sin embargo, la realidad es otra.  Son muchas las ocasiones que los hermanos están peleando unos con otros y se sonríen de la boca hacia fuera porque no se llevan bien.  Dios nos ha llamado a evangelizar, a ser su pueblo sobre esta tierra, a adorarle y servirle con todas nuestras fuerzas.  Pero preferimos estar envueltos en luchas internas por unas pocas migajas de prestigio y posición en vez de enfocarnos a alcanzar a un mundo que se pierde.  Yo deseo estar en comunión, deseo estar en armonía y deseo estar en paz con mi hermano.  Me gustaría estar en una congregación que esa unidad sea clara a todo aquel que entre por la puerta.  La única manera que esto va a pasar es si no tolero el chisme, si no participo con aquellos que quieren hablar para destruir, en vez de ayudar.  Es una gran tentación pero con ayuda de Dios lo puedo hacer.

¿Por qué David usa la unción de Aarón para ilustrar la unidad?  El trabajo de Aarón como sumo sacerdote y ministro del pueblo era un factor de unidad para la nación.  Cada año, él iba al lugar santísimo para ofrecer un sacrificio como expiación de los pecados del pueblo.  Israel no sólo era una entidad política sino que era entidad espiritual que se unía por la sangre del sacrificio.  En la iglesia, tenemos las mismas bases para esa unidad.  Hemos sido llamados a una relación de pacto con Dios y con unos a otros basada en el sacrificio de Jesucristo.  El aceite usado para la unción de Aaron fue uno especial y de acuerdo a las especificaciones de Dios.  Era tanta la cantidad usada, que se chorreaba por sus barbas y llenaba el lugar de una dulce fragancia.  La unidad en la iglesia es una fragancia dulce y es atractiva para los no creyentes.  Pero el olor de contienda hace que ellos se alejen de la iglesia y de Dios.  La unidad nos permite enfocarnos en la predicación del evangelio.

El segundo salmo es una exhortación a los guardas del templo.  Este es el último salmo del grupo que los peregrinos cantaban cuando marchaban a Jerusalén para las fiestas religiosas.  En cierta manera, es un final adecuado, los peregrinos finalmente están llegando a las puertas del santuario.  Los levitas y sacerdotes del templo responden a sus cantos con una bendición.  Deseo siempre llegar con alegría a la casa de Dios.  Deseo recibir bendiciones de aquellos que están allí.  ¡Señor, ayúdame a hacer de esto una realidad!

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