Salmos 141 y 142: Mis ojos están puestos en ti porque tú eres mi refugio

“Señor, Señor, mis ojos están puestos en ti.  En ti busco protección: no me abandones. (DHH)”  ¿Cuántas veces hemos dicho esto?  ¿Cuántas veces hemos declarado que sabemos que la salvación y solución a nuestros problemas sólo puede venir del Altísimo?  David sabe que su única esperanza es Dios y por eso declara que solamente puede depender de Dios y le pide que no le deje morir.  En ocasiones, nuestros problemas son creados por nosotros mismos.  En otras ocasiones son creados por las personas que nos rodean y nos quieren hacer mal.  Sea cual sea la fuente de ellos, a veces nos sentimos solos y abandonados.  Esto en realidad no es así, pero Dios nos parece lejano y por eso es que clamamos y le decimos que no nos abandone.  Si buscamos de él, él siempre estará a nuestro lado y no nos dejará pero como humanos, en los momentos de nuestra desesperación, necesitamos no sólo saberlo sino sentirlo.  ¡Dios, ten misericordia y permite que sienta tu presencia a mí alrededor!

El salmista desea también permanecer fiel a Dios sin importar las circunstancias.  Por eso, él clama: “Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios.  No dejes que se incline mi corazón a cosa mala, a hacer obras impías con los que hacen iniquidad; y no coma yo de sus deleites.”  Aún en los momentos que no sienta su presencia, deseo serle fiel y no pecar.  Sé que esto solamente será posible si Dios me ayuda hacerlo y por eso clamo a él para que él mismo me ayude a no pecar.  Por eso, “Jehová, a ti he clamado; apresúrate a mí; escucha mi voz cuando te invocare.  Suba mi oración delante de ti como el incienso. . .”

El siguiente salmo de David muestra en quién él ha confiado y quién es su refugio y fortaleza.  “Clamé a ti, oh Jehová; dije: Tú eres mi esperanza . . .”  Dios es tan maravilloso que podemos acercarnos a él con nuestras preocupaciones, quejas y aflicciones.  “Delante de él expondré mi queja; delante de él manifestaré mi angustia.”  Nosotros podemos acercarnos a Dios y expresar nuestros sentimientos y emociones confiadamente.  Él nos conoce y sabe cómo nos sentimos y qué necesitamos.  Por eso cuando me encuentro totalmente deprimido, puedo confiar de que Dios conoce mi andar y en que dirección me muevo y puedo confiar en que él me va a defender.  En ocasiones queremos nosotros pelear la batalla pero es mejor dejársela en las manos de Dios.  Dios es mi refugio y puedo descansar confiadamente en sus brazos.

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