Salmo 144: Dios es mi protector

“Bendito sea Jehová, mi roca, quien adiestra mis manos para la batalla, y mis dedos para la guerra . . .”  Dios es mi fortaleza y escudo.  En algún momento durante nuestro crecimiento, comenzamos a diferenciar las cosas que son duras y resistentes de las cosas blandas ó suaves y confortables.  Algo que uno realiza durante ese tiempo es que las rocas son duras y fuertes.  Uno se encuentra con rocas que no se pueden mover.  Reconocemos que están allí y nos parece que van a estar en ese lugar por siempre.  Eso es lo que el salmista trata de decirnos con esas palabras.  Dios es mi constante.  No importa como las cosas a mi alrededor reaccionen o hagan, Dios es mi roca donde yo puedo construir mi vida.  Se que aún cuando llegue el final de mi tiempo en esta tierra, Dios estará allí y será el mismo que al principio.  El asunto no es lo que Dios es sino más bien si yo lo voy a creer.  No importa las circunstancias, Dios es mi protector.  Sin embargo, en ocasiones me siento que no estoy protegido.  Esto se debe a mí y no ha Dios.  Él no me ha dejado de proteger, soy yo quien piensa que lo ha hecho.  Tengo que aprender a lograr que mis pensamientos y vivencias armonicen con lo que leo en las Escrituras.  De esa manera podré decir: “Misericordia mía y mi castillo, fortaleza mía y mi libertador, escudo mío, en quien he confiado . . .”

La mayoría de las personas pronto realizan en la vida que no son eternas, que el universo no gira alrededor de ellos y que Dios es bien grande y nosotros no.  David nos dice: “Oh Jehová, ¿qué es el hombre, para que en él pienses, ó el hijo de hombre, para que lo estimes?  El hombre es semejante a la vanidad; sus días son como la sombra que pasa.”  Estamos tan poco tiempo en esta tierra que parecemos mas como un suspiro, una sombra que desaparece rápidamente.  Tal vez es porque nuestro destino no esta centrado en los pocos años aquí sino que la intención de Dios desde el principio es la eternidad.  Somos llamados a comenzar a servirle aquí pero continuaremos nuestro servicio en los cielos.  Si creemos así, el largo de nuestro tiempo en la tierra no es importante sino que lo importante es como vivamos aquí antes de partir a la eternidad.  Por tanto, declaramos como el salmista, “Oh Dios, a ti cantaré cántico nuevo; con salterio, con decacordio cantaré a ti.”  Yo quiero gozarme el tiempo que me quede aquí así que lo quiero pasar cantando y glorificando a Dios. ¡Aleluya!  La provisión de Dios vendrá, sus bendiciones derramará pero yo voy a vivir como aquél que sabe que es afortunado porque es parte del pueblo que Dios es el Señor.

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