Salmo 145: Que toda persona alabe al Señor

En mi juventud, de los coritos que más me gustaban, éste era uno de ellos: “Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre.  Cada día te bendeciré, y alabaré tu nombre eternamente y para siempre.  Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; y su grandeza es inescrutable.”  Me parecía que su música era tan llamativa y se prestaba a uno continuamente alabar el nombre del Señor.  Siempre me ha parecido que la alabanza es algo curiosa.  Es para Dios pero es para nuestro beneficio.  Dios no se hace más fuerte porque nosotros le alabemos.  No es que Dios es liberado por nuestra alabanza.  Es simplemente que cuando alabamos a Dios, nuestro ser se siente funcional y completo porque estamos haciendo aquello para lo cual fuimos creados.  Nosotros fuimos creados para la gloria y honra de Dios.  Nosotros sus criaturas, debemos alabar a nuestro creador y declarar sus maravillas.  Solamente en pensar lo que él ha hecho por nosotros, debe levantar alabanzas nuestras delante de su presencia. “Del poder de tus hechos estupendos hablarán los hombres, y  yo publicaré tu grandeza.”

Nosotros los santos, debemos alabar a Dios para que las personas a nuestro alrededor sepan los poderosos hechos que nuestro Dios ha hecho por nosotros.  Alabar no es solo decir gloria a Dios y aleluya sino también contar las maravillas de Dios.  Yo alabo a Dios cuando testifico, cuando relato como me salvó, me sanó y me transformó.  También alabo a Dios cuando comparto las maravillas, milagros y proezas que las Escrituras me enseñan acerca de Dios.  “Te alaben, oh Jehová, todas tus obras, y tus santos te bendigan.  La gloria de tu reino digan, y hablen de tu poder, para hacer saber a los hijos de los hombres sus poderosos hechos, y la gloria de la magnificencia de su reino.”

Por eso quiero pedirle al Señor hoy que la frase del salmista se convierta una realidad en mi vida, “La alabanza de Jehová proclamará mi boca; y todos bendigan su santo nombre eternamente y para siempre.”  ¡Qué toda la tierra alabe el nombre de Dios!  ¡Qué muy pronto él venga por segunda vez!  ¡Qué Dios se glorifique en su iglesia y que conteste las peticiones de nuestro corazón! “Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras.  Cumplirá el deseo de los que le temen; oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará.”  ¡Aleluya!

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